Es muy común que a la hora de comprar algún producto terminemos optando por aquel que tiene la presentación más bonita. Una linda caja, papeles envoltorios de colores extravagantes o con figuras que nos estimulan, pueden inclinar la balanza a la hora de escoger una cosa u otra. Lo que en muy pocas oportunidades nos planteamos es si es necesario tanto packaging.
Si bien los estímulos visuales agradables suelen ser más atractivos, si al momento de abrir un paquete tiramos su envoltorio, claramente no necesitábamos tanto decorado. Lo mismo puede plantearse para la enorme cantidad de insumos descartables que consumimos a diario: por ejemplo, si vamos a una cafetería y pedimos algo caliente para tomar mientras caminamos o leemos en una mesa, usualmente se sirve en un vaso de cartón con tapa plástica que bien podría ser reemplazado por una taza de cerámica lavable y reutilizable.
A lo largo y ancho del mundo –y sobre todo en la Argentina– está muy difundida la denominada “cultura descartable”. Según estudios, solo en Capital Federal, cada habitante produce alrededor de 1,35 kilogramos diarios de basura, un número para nada alentador.
De todas formas, no se puede negar que ciertos rubros tengan que recurrir a este tipo de artefactos, como el de la salud, ya que emplear una misma jeringa en más de un paciente infectado puede causar grandes catástrofes. Sin embargo, en otras áreas el uso y posterior desecho de algo es completamente innecesario, debido a que está llevando al ecosistema a límites imposibles de sostener: actualmente los recursos parecen escasos, mientras la basura se acumula causando graves consecuencias en los animales que conviven en el planeta.
Si queremos que la situación cambie, debemos empezar a observar nuestras rutinas y fijarnos cómo fue producido aquello que compramos y si para su desarrollo se emplearon materiales sostenibles y reutilizables. Tenemos que ser responsables y exigirle a las grandes corporaciones que elaboren artículos en base a estos valores para obligarlas a modificar sus modelos de producción a través de nuestro poder de compra.
Si estás interesado en formar parte de la metamorfosis, a continuación te damos una serie de consejos a tener en cuenta antes de adquirir algo nuevo:
1) Comprá por peso: en muchas tiendas naturistas o mercados agroecológicos los vendedores ofrecen sus productos al peso y sin packaging; en bolsas de tela o frascos de vidrio. De esta manera, evitás el uso de botellas y bolsas plásticas que tanto daño le causan al ecosistema.

2) Elegí con sensatez: a la hora de cuidar el planeta, debemos pensar en hacer compras inteligentes y convertirnos en consumidores empoderados. Elegir a conciencia qué, a quién y cómo compramos, es fundamental para llevar a cabo este paso.
Lo ideal es ir hacia lo que necesitamos y no caer en gastos innecesarios, consumiendo productos de calidad, que perduren en el tiempo y hayan sido realizados con materiales nobles como madera o metal. Lo fundamental es recordar que sea biodegradable, reutilizable y reciclable.
También podés recurrir al trueque con conocidos, ya que lo que para vos es basura puede ser un verdadero tesoro para otro.

3) Poné manos a la obra: fabricar productos en casa lleva poco tiempo, es fácil y divertido; además, puede ahorrarnos mucho dinero.
Hay recetas buenas, prácticas y eficaces para elaborar nuestra propia pasta de dietes, cremas corporales, champús y hasta detergentes. Esta clase de artículos ayudan a eliminar los empaques que se distribuyen y contribuyen a reducir las huellas de carbono global.
También podés elegir productos que vengan con un packaging ecológico o comprar al por mayor, llenando y rellenando los envases de acuerdo a tus necesidades.

4) Comprá cerca: si aquello que querés consumir tiene que viajar cientos de kilómetros para llegar a vos, es probable que en su producción y transporte estén involucrados muchísimos elementos extras que lo encarecen y perjudican al planeta.
Tratá de comprar productos locales, a vendedores de tu zona y evitá los envíos. Que algo te llegue a la puerta de tu casa es cómodo y rápido, pero pensá que para trasladarlo requiere el uso de empaques de plástico, cartón o telgopor que –si bien lo protegen– contaminan el medioambiente.

5) Salí preparado: si querés ser protagonista, salí de tu casa con ítems que te ayuden a impulsar un cambio. Llevá un vaso térmico, un sorbete de metal, servilletas de tela y bolsas reutilizables.

Un desastre ecológico flota en medio del Océano Pacífico entre el estado norteamericano de California y la isla de Hawái. Allí, existe un cayo de una superficie tres veces mayor a la de Francia, que alberga más de 80 toneladas de residuos plásticos de todas partes del mundo.
La ONG The Ocean Cleanup expresó que el 46% de la basura se compone de redes de pesca abandonadas, en tanto que el resto son elementos de uso cotidiano desechados.
Con el paso del tiempo, estos plásticos se convierten en microplásticos de 0,5 centímetros de diámetro, de difícil recolección. A su vez, estas macropartículas son consumidas por la fauna marina que las confunden con su alimento, perjudicando el futuro de las especies que habitan la zona.

- 400 años tarda en degradarse el plástico.
- 38% de los empaques se destina a comida.
- 18% de los empaques se destina a bebidas.
- 1,35 kilogramos de basura diarios produce cada uno de los habitantes de Capital Federal.
- 14% de la basura total recolectada en Capital corresponde a papeles y cartones.
- 12% de la basura total recolectada en Capital corresponde a plásticos.
- 50% de los insumos de plástico se tiran una vez que se utilizan.