El Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) –conocido como AR5 por sus siglas en inglés– proporciona una actualización del conocimiento sobre los aspectos científicos, técnicos y socioeconómicos del cambio climático. En su último informe especial, el IPCC concluye que un cuarto de la superficie continental –que no está cubierta por hielos– está degradada y en situación crítica. Las tasas de explotación de la tierra y el agua dulce de las últimas décadas no tienen precedentes, mientras que la degradación de la tierra socava su productividad, limita los tipos de cultivos y merma su capacidad de absorber y almacenar carbono.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) es una entidad científica creada en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cuya finalidad es proporcionar información objetiva, clara, equilibrada y neutra sobre el cambio climático a responsables políticos y otros sectores interesados. Desde su creación, el IPCC ha preparado una serie de documentos técnicos, informes especiales y de evaluación, que han sido puestos a disposición de la comunidad internacional.
Entre los expertos y científicos nacionales se encuentran: la doctora Carolina Vera, vicepresidenta del grupo de trabajo 1 del IPCC y nombre de referencia para la promoción y comunicación de la ciencia climática a los tomadores de decisiones y partes interesadas en América del Sur y en todo el mundo; el doctor Esteban Jobbágy, reconocido por su contribución a comprender cómo se relacionan los usos de la tierra, así como por su esfuerzo por vincular la ciencia a problemas reales de la sociedad; y el doctor Miguel Taboada, director del Instituto de Suelos del Centro de Investigación en Recursos Naturales del INTA. Jobbágy y Taboada son autores de los capítulos 4 y 6 del último informe especial del IPCC.
En comparación con documentos anteriores, este quinto informe pone un mayor énfasis en la evaluación de los aspectos socioeconómicos del cambio climático y en sus implicancias para el desarrollo y la gestión de los riesgos, así como en la puesta en pie de respuestas de adaptación y mitigación de los efectos adversos. Igual que en entregas anteriores, el trabajo está compuesto por tres informes, elaborados por tres grupos de trabajo:
- Grupo I: Base de ciencia física.
- Grupo II: Impactos, adaptación y vulnerabilidad.
- Grupo III: Mitigación del cambio climático.
El reporte confirma que la agricultura, la producción de alimentos y la deforestación contribuyen al cambio climático, generando el 23% de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. El cambio climático y la degradación de la tierra se conectan en un círculo vicioso en el que se ven afectados los cuatro pilares de la seguridad alimentaria: disponibilidad –rendimiento y producción–, acceso –precios y capacidad para obtener alimentos–, utilización –nutrición y preparación de alimentos– y estabilidad –alteraciones de la disponibilidad–.
En el informe se recomiendan acciones coordinadas a través de reducciones de las emisiones del sector para mejorar las condiciones de la tierra y la seguridad alimentaria y nutricional de la humanidad. Se deben adoptar iniciativas tempranas de gran alcance, capaces de incidir simultáneamente en diversos ámbitos. En un futuro con precipitaciones más intensas, el riesgo de erosión del suelo, particularmente en las tierras cultivadas, aumenta. En este caso, la gestión sostenible de estas tierras permitiría proteger sus ecosistemas y comunidades de los efectos nocivos de la erosión, ofreciendo oportunidades para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y capturar carbono.
El reporte establece que la gestión de riesgos puede incrementar la adaptación de los ecosistemas y las comunidades a los fenómenos extremos, lo que incide en los sistemas alimentarios. Su puesta en práctica puede materializarse mediante cambios en la alimentación o la disponibilidad de cultivos, que eviten una mayor degradación de la tierra e incrementen la resiliencia ante fenómenos o condiciones meteorológicas más extremas y variables. La reducción de las desigualdades, el aumento de los ingresos y la garantía de un acceso equitativo a los alimentos son estrategias de adaptación a los efectos negativos del cambio climático que complementan a las anteriores.
Por último, el informe concluye que las dietas basadas en cereales secundarios, legumbres, frutas y verduras y alimentos de origen animal –producidos de forma sostenible en sistemas que generan pocas emisiones de gases de efecto invernadero– presentan mayores oportunidades de adaptación al cambio climático y de limitación de sus efectos, contribuyendo de esta manera a un manejo del suelo sustentable y a una mejor nutrición.
