Ariel Eichenberger es un argentino que en 2016 decidió dejar su trabajo en el área de marketing de una empresa de autos para darle rienda suelta a una de sus máximas pasiones: el arte. Enamorado por la aviación desde pequeño, carrera a la que no se pudo dedicar por problemas económicos, lanzó Voneich, una compañía que elabora objetos de diseño a partir de partes de aviones recicladas.
“Siempre fui un artista autodidacta, pero nunca me imaginé que iba a poder vivir de mi hobbie”, comentó. Donde otros ven algo inútil, él ve un objeto de lujo. El proyecto comenzó luego de que se contactara con una persona que vendía partes de aviones en desuso con las que empezó a experimentar. Así fue como creó llaveros a partir de cinturones o mesas con el spinner de una hélice.
En un principio, solo compraba partes sueltas, aunque ahora adquiere los aviones enteros. Próximamente, planea armar un showroom dentro de un viejo fusilaje de un Fokker f-27.
Las obras se comercializan en redes sociales. La primera pieza realizada fue una lámpara con un equipo de radio. Todas las creaciones son únicas e irrepetibles y nunca van a ser iguales, porque su proceso de elaboración es completamente artesanal.
“Algunos proyectos llevan más de un año de trabajo. La mayoría de los clientes vienen a verme, eligen las partes y así comenzamos los objetos. Hago a cada uno partícipe del proceso y eso es muy bien recibido”, detalló.
Voneich recibe pedidos de Estados Unidos, Italia, Brasil y Chile, entre otros países. Entre los más extravagantes, se destaca una frapera gigante hecha con un aro de turbina. También realiza mesas, llaveros, sillones y elementos de iluminación.
“Este año presenté una muestra en el Buenos Aires Art Experience en el Hipódromo de Palermo. Hice cuatro alas de cuatro metros en homenaje a los 500 años de Leonardo Da Vinci. Una fue comprada por el coleccionista Jorge Gómez, quien la colocó en su museo privado. Más allá del arte y el diseño, mi deseo es tratar de aportar un granito de arena en el mundo del reciclaje”, concluyó.