Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), la papa representa el cuarto alimento más consumido del mundo. Como en muchas oportunidades su cultivo se expone a la presencia de plagas y enfermedades que comprometen su rendimiento, un buen Manejo Integrado de Plagas (MIP) es indispensable para mantener su calidad tanto en la cosecha como en la poscosecha.
El MIP consiste en el uso de distintas herramientas para hacerle frente a las adversidades que afectan al cultivo de papa. Para poder implementarlo, es fundamental reconocer los problemas y el estado fenológico del suelo para emplear los mejores métodos de control y prevención. Esto arranca en la siembra y se realiza con el empleo de una semilla fiscalizada por el Instituto Nacional de Semillas (INASE).
Las principales enfermedades fungicidas que suelen afectar a la papa son: Tizón Tardío, Tizón Temprano, Fusariosis y Sarna Negra. El Tizón Tardío está favorecido por condiciones de humedad alta y temperatura fresca; en tanto que el Tizón Temprano aparece en condiciones de humedad alta y temperaturas superiores a los 30 grados.
Para controlar las plagas, es importante realizar monitoreos identificando áfidos o pulgones, que son los principales vectores del virus en el enrollamiento de los folíolos inferiores. Los mismos se visualizan cuando los márgenes adquieren una colocación violácea y suelen encontrarse agrupados cerca de los pecíolos de las hojas.
Otra afección que transmiten los insectos es el Tomato Spotted Wilt Virus (TSWV), que produce necrosis en los brotes apicales y es transmitido por trips, que también perjudican al tomate. A este último se lo previene utilizando trampas amarillas que posibiliten realizar su correcto monitoreo. Cuando la incidencia de las plagas supera los umbrales recomendados, se recomienda el uso de insecticidas.