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isminuir la brecha hacia el potencial productivo y lograr un mejor resultado en las pasturas de alfalfa es clave para la Argentina. Teniendo en cuenta que se trata de la principal especie forrajera del país, resulta fundamental para la producción de carne y leche en la región pampeana y extra pampeana. Ante su desplazamiento a zonas marginales, como la mayoría de las pasturas, resulta necesario repensar las decisiones de manejo e implantación del cultivo.
Al destinarse para ella ambientes de menor calidad, produce menos materia seca por hectárea o no alcanza la persistencia en el tiempo; de ahí que haya brechas de producción entre el potencial y lo que realmente obtenemos a campo.

Dado que se trata de una pastura que requiere una alta inversión inicial, el objetivo es alcanzar la mayor cantidad de forraje siendo eficientes. Compartimos una serie de recomendaciones para hacerla rendir lo mejor que se pueda por el mayor tiempo posible:
- Evaluar en detalle el lote para implantación. Es aconsejable que sea uno de los mejores lotes dentro del área destinada a ganadería, que esté libre de posibilidad de anegamiento temporal.
- La siembra debe avanzar entre los meses de marzo y mayo. De esta manera, el cultivo habrá desarrollado unas tres hojas al momento de las primeras heladas.
- Para ser considerada una implantación exitosa deben lograrse entre 250 y 350 plantas por metro cuadrado a 100 días de establecido el cultivo. Una buena implantación solo es posible con semillas de alta calidad, un tratamiento profesional y trazabilidad certificada.
- La cama de siembra debe prepararse para favorecer el contacto suelo-semilla. Se trata de una semilla muy pequeño, motivo por el cual debe regularse muy bien la profundidad de siembra.
- El peleteo de las semillas con alta tecnología es un tratamiento fundamental para mejorar esta implantación del cultivo. Además, el agregado de micronutrientes es clave para un establecimiento exitoso del cultivo favoreciendo la relación suelo-semilla.
- La fertilización es indispensable. Con el aporte de fósforo, azufre y potasio se potencian los rendimientos.
- Debe prestarse especial atención al pH del suelo: con valores por debajo de 6,5, el desarrollo de los nódulos se hace ineficiente. Esto es grave, ya que son fundamentales para fijar el nitrógeno atmosférico.
- Los primeros pastoreos son fundamentales. Tienen que estar planificados –entre inicio de floración y floración temprana–, ser realizados en franjas diarias bien dimensionadas y manteniendo la carga adecuada para maximizar la eficiencia. Es un período corto pero clave en relación a la cantidad y calidad de la pastura.
- Deben respetarse los descansos para que el rebrote de las plantas de alfalfa se logre rápido y con buena oferta de material verde.
- Se aconseja el uso de pasturas consociadas en terrenos propensos a anegamientos o con un pH desfavorable. La fijación de nitrógeno de las leguminosas ayudaría también a las gramíneas.