ara adquirir o elegir un equino se realizan un conjunto de pasos, teniendo en cuenta variados caracteres. Lo primero que se debe hacer es establecer un sistema de inspección metódico y minucioso, analizando la anatomía y fisiología normal de cada una de las regiones del cuerpo: la belleza fenotípica, la importancia del individuo dentro de los parámetros raciales o de la actividad que desarrolle, y los aplomos de los miembros anteriores y posteriores.
Es indudable que el éxito del caballo elegido dependerá de la capacidad que se posea para saber evaluar y reconocer con precisión aquellos valores positivos y negativos de un equino al momento de efectuar una elección.
Al momento de elegir un equino, se deben considerar los siguientes caracteres:
1) Raza: dependerá de la actividad a la que se destine el caballo, pues existen razas que se caracterizan por poseer una demostrada aptitud, comportamiento y carácter para realizar una determinada tarea o deporte.
2) Sexo: nos encontramos con la posibilidad de la elección de una hembra o de un macho. En este último caso, también podemos elegir si es entero o padrillo y castrado. El macho entero posee la particularidad que para realizar un trabajo o deporte generalmente requiere de un manejo experimentado por su carácter, además de por su actitud fisiológica ante la presencia de una yegua en celo. Si el ejemplar elegido se destina a reproducción, ya sea una hembra para la manada o un macho para ser utilizado como padrillo, tendrá que cumplir con determinadas exigencias.
3) Edad: la misma debe ser establecida de antemano y estimada en el ejemplar elegido. Cuando se trata de reproductores, la posibilidad de obtener crías de animales importantes desde el punto de vista zootécnico hace que se adquieran de edades maduras, lo que modifica muchas veces los resultados reproductivos. En cambio, para el trabajo y deporte, es conveniente elegir caballos con un buen rango de vida por delante.
4) Aptitud: para efectuar un trabajo, un deporte o la reproducción, es necesario evaluar y comprobar su idoneidad para cumplir con el fin previsto. Un caballo puede ser muy importante exteriormente, es decir, tener belleza fenotípica, pero cuando es seleccionado para cumplir con un fin previsto, tiene que poder demostrar su capacidad para desarrollarlo eficazmente.
5) Antecedentes: si estamos adquiriendo un animal de pedigrí, comenzaremos con el análisis de sus parientes –antepasados y parientes colaterales (hermanos, tíos, etcétera)–. Si el caballo tiene suficiente edad, evaluaremos su descendencia; por lo tanto, debemos conocer las características de sus hijos.
Además, en el estudio familiar es importante efectuar un análisis de la existencia de la transmisión genética de defectos hereditarios, pues la presencia de cualquier anormalidad, ya sea en el padrillo o en la yegua, convierte al animal elegido en un individuo inepto para la actividad reproductiva.
6) Conformación: consiste en la observación de las diferentes porciones que constituyen el organismo, basándose en la simetría, forma y el tamaño normal de las distintas partes anatómicas. El caballo que posee una correcta conformación entre la masa ósea y muscular, mostrará al observarlo en su conjunto un aspecto general de equilibrio, fuerza, energía y resistencia, proyectándose con una imagen de una correcta eficacia mecánica.
En este caso, generalmente se trata de animales menos susceptibles a sufrir alteraciones físicas que gozan, a su vez, de un mayor rendimiento en la actividad que lleven a cabo, permitiéndole cumplir eficientemente con las esperanzas volcadas en él. Inversamente, los graves defectos de conformación afectarán en forma negativa su rendimiento, provocando limitaciones físicas que se verán reflejadas en los resultados en el trabajo o deporte.
El correcto examen de un equino debe efectuarse sobre un piso duro, debido a que una pastura con vegetación desarrollada puede esconder los defectos que haya desde el carpo o tarso hasta el pie.
Por último, la persona que realiza una observación debe tener cierta experiencia en la visualización de defectos, y esto lo aprecian con más facilidad aquellos individuos que están acostumbrados o habituados a reconocer las estructuras normales.