En la Argentina cada persona consume, en promedio, unos 274 huevos por año, una cifra bastante llamativa que posiciona al país como el quinto consumidor mundial de esta proteína animal. Para abastecer esta exigente demanda, hay 960 granjas en el país produciendo huevos todos los días del año.
Tal es el caso de los Roth, una familia dedicada al desarrollo de este rubro en Maciá, provincia de Entre Ríos. La firma, que lleva por nombre su apellido y fue fundada en 1955, en un principio se dedicó a la incubación de pollos para vender, pero con el tiempo se enfocaron en la postura de huevos.
Según indicó Emerson Roth, encargado de la comercialización y marketing de la empresa, ellos mismos producen todos los granos necesarios para la alimentación de sus 800.000 aves en producción, sumadas a las 400.000 que tienen en recría. Cultivan soja, maíz, trigo y algo de sorgo: en total, producen 34.000 toneladas de granos por año, que son procesadas en una planta propia.
Con el alimento asegurado, el ciclo avícola de la empresa comienza con la compra de pollitas de un día de vida que serán recriadas en naves especialmente acondicionadas durante 18 semanas, primero con raciones bien molidas y después con alimentos que las predispongan para el comienzo de la producción. Su vida útil es de 110 semanas y el porcentaje de postura diaria es del 90%; es decir, de casi un huevo por día.
Es importante aclarar que las gallinas en una granja de postura no tienen contacto con los gallos, sino que ponen huevos porque está en su naturaleza, y éstos no tienen un pollito en su interior.
Actualmente, la compañía despacha diariamente hasta 1.900 cajones de 30 docenas, es decir, unos 700.000 huevos. Todo el proceso de empaquetado está automatizado para que el primero en tocar los huevos sea el consumidor. Desde las jaulas son llevados por cintas transportadoras hasta las cajas, y de ahí hacia las sucursales de distribución en sus propios camiones. “Es una empresa muy integrada vertical y horizontalmente”, aseguró Roth, a la vez que resaltó que tras la producción del expeller transforman el biodiésel para proveer a su flota.
Sobre esto, el empresario Ricardo Cangelosi afirmó: “Hoy, el 90% de las granjas tienen tecnología de punta”. En ese sentido, dijo que el sistema más utilizado es el blackout, en el que está todo cerrado y tanto la iluminación como la ventilación son artificiales. “Con el aumento del precio de la energía, el costo es altísimo, pero sin esa tecnología prácticamente no se puede producir. El objetivo es que las aves tengan una primavera permanente, en una zona donde las oscilaciones de temperatura son muy grandes”, explicó al referirse a la empresa Granja San Miguel, radicada desde 1969 en Bahía Blanca, donde las temperaturas pueden ir desde los -10 grados hasta los 40ºC.
A partir de 1996, la empresa empezó a tecnificarse. Hoy, cuentan con una granja totalmente automatizada con más de 300.000 aves ponedoras, una planta de alimento balanceado y una planta de industrialización donde se hace huevo líquido pasteurizado y huevo en polvo.
Sin embargo, en los últimos años el mercado al que apuntaban se fue achicando debido al cierre de varias fábricas de pastas y budines. “La planta podría procesar 1.000 kilos por hora de huevo y actualmente vendemos 3.000 por semana. Tener una planta más chica no tendría sentido. Poner en marcha algo se hace muy difícil porque son muchos los requerimientos y es muy bajo el consumo”, acotó Cangelosi.
En este contexto, la empresa vende unos 230.000 huevos por día que van a los centros de distribución propios de Neuquén y Bariloche. Además, desde hace dos años empezaron a exportar a Chile.
Al ser un producto frágil, es difícil de tercerizarlo, por lo que muchas empresas optan por asumir el transporte y la distribución, tal como lo hacen Cangelosi y Roth. Además de eso, la firma de Bahía Blanca tiene que considerar el flete para llevar el alimento de las aves. “Los granos para el balanceado son casi todos comprados porque lo único que permite producir la zona es la cebada y el trigo, que es aproximadamente el 10% de la dieta. Respecto a la zona núcleo, nuestro costo es más alto; pagamos hasta $8.000 la tonelada de maíz. El huevo es cada vez más barato y la incidencia del flete es cada vez más alta”, lamentó.
A Roth tampoco le cierra del todo la cuenta. “Este año no viene siendo muy bueno porque hemos ido actualizando los valores a medida que la demanda nos lo permitió, y en 2019 no hay mucha plata en el bolsillo de los consumidores. La devaluación fue mucho mayor a la actualización del precio. El costo principal es el alimento balanceado, pero también está el de las pollitas, la energía y el gas para calefaccionar las naves de recría”.
Por último, Cangelosi subrayó: “La gallina consume dólares y pone huevos que se venden en pesos y a plazos. Estos momentos a nuestra actividad la complican muchísimo. En cada devaluación perdemos el stock de capital que teníamos, y muchas medidas no podemos tomar porque el huevo es un producto perecedero y no queda otra que vender y aceptar las condiciones que impone el mercado, y a las gallinas hay que seguir dándoles de comer”.