l sector financiero busca promover la agricultura no contaminante a través de los bonos verdes y de iniciativas sustentables para mitigar el cambio climático.
Los bonos verdes surgieron en 2007, cuando el Banco Europeo de Inversiones lanzó la primera emisión para financiar proyectos ambientales. Desde entonces, organismos multilaterales, bancos públicos y privados y gobiernos han incurrido en ese mercado para financiarse. “Un bono verde es un tipo de fondeo que se puede categorizar entre los llamados de renta fija, cuya característica principal es que el destino de los fondos debe ser financiar actividades que beneficien el ambiente”, define Pablo Cortinez, Focal Point de Finanzas Sustentables de Fundación Vida Silvestre.
Este tipo de instrumento lleva emitidos a nivel global más de US$200.000 millones, asegura el experto, a la vez que añade: “Esto demuestra un mayor involucramiento del sector financiero en la temática ambiental”.
En la Argentina hay un nivel de desarrollo. La Comisión Nacional de Valores publicó guías para bonos sociales, verdes y sostenibles que, aunque no son obligatorias, dan un marco para emisiones de este tipo. Por su parte, Bolsas y Mercados Argentinos SA (BYMA) lanzó un panel que estará integrado por activos negociables que se propongan contribuciones al tema ambiental.
La inversión en bonos verdes se ha orientado casi exclusivamente a las áreas de transporte, construcción y energías renovables, sin llegar con fuerza a la agricultura. Según estudios, a nivel global estos fondos con destino a la tierra representan un 5%, pero advierten que el porcentaje se duplica en países emergentes, teniendo un alto potencial en América Latina. “En definitiva, los bonos verdes pueden ser un modo de financiación para acelerar el proceso hacia un sector agropecuario más productivo y menos contaminante”, explica Cortinez.
En el caso local, el economista asegura que “dejando de lado la actual coyuntura argentina, en general, el financiamiento verde tiende a ser más receptivo en términos de plazos y, a veces, en tasas; es que la mayoría de los bonos verdes en países emergentes tienen un maturity de largo plazo”, completa.
Estos bonos establecen compromisos de inversión específicos –por ejemplo, qué materia prima cultivar– y tienen penalidades en caso de incumplimientos; el control lo realiza la entidad que emite el bono. Otra manera de demostrar el uso de los fondos puede ser a través de la aplicación de Buenas Prácticas o de certificaciones de sostenibilidad que existen para commodities; por ejemplo, RTRS para la soja, FSC para el sector forestal y MSC para la pesca.