l desarrollo económico no garantiza la solución al agotamiento de recursos naturales, el aumento desmedido de la población, la contaminación de los mares o el cambio climático. A pesar de generar ingresos, sigue aumentando la pobreza, el hambre, las desigualdades y los desastres ambientales como consecuencia de la acción del hombre.
Se necesita, cuanto antes, lograr un equilibrio entre una mejor calidad de vida y los recursos limitados de la Tierra; en definitiva, urge garantizar la supervivencia del planeta. El reto es de todos, pero la tarea de las compañías es potenciar un cambio profundo y sostenible en el tiempo. Su misión es planear las estrategias indicadas para el engranaje entre el ambiente y las operaciones comerciales.
Lo bueno es que la sustentabilidad y la rentabilidad no están en guerra, y transformar la cadena de suministro en sustentable mejorará los resultados de manera significativa. Además, es un hecho que la transición es inevitable.
Cada eslabón debe poner su grano de arena: los gobiernos con legislaturas proambientales, y las empresas con operaciones cada vez más ecológicas; todo ayudará a un resultado más rentable.
No obstante, la sustentabilidad va mucho más allá de productos ecológicos. Se trata de un nuevo hábito, una mentalidad verde que aprovecha la tecnología para resolver el mayor desafío que enfrenta la humanidad: salvar al planeta. Para lograrlo, las empresas deben definir prácticas comerciales responsables que involucren a todas las partes interesadas.