n ingeniero agrónomo nacido en la localidad bonaerense de Saladillo apostó por los cerdos y consiguió empleo en un establecimiento porcino en Minnesota, Estados Unidos, donde espera seguir ampliando sus conocimientos.
Santiago Zabala estudió ingeniería agronómica en la Universidad de Buenos Aires. Una vez culminados sus estudios, comenzó a introducirse en la actividad porcina a través de su primera experiencia en el rubro en el criadero de cerdos Pacuca, situado en Buenos Aires.
Al poco tiempo de estar en la compañía le ofrecieron el cargo de jefe de Calidad y Desarrollo. A pesar de que no estaba en sus planes desarrollarse en ese sector, estuvo siete años en la empresa hasta que se fue a Estados Unidos en 2020.
A pesar de la pandemia de coronavirus, Zabala comenzó en junio del año pasado a trabajar para la empresa LB Pork, de la familia Becker, en el estado de Minnesota. La producción total de la compañía es de 200.000 capones anuales, sumado a las 2.000 hectáreas de siembra agrícola.
Según explica el ingeniero, se manejan con un sistema integrado: cuentan con un lugar para la crianza de lechones y alquilan galpones a otros productores para llevar al lechón destetado y poder realizar la terminación del animal.
En rigor, la función de Zabala es controlar y manejar la producción del lechón destetado hasta que es comercializado. No obstante, el ingeniero también trabaja en la cosecha de maíz.
Para Zabala, hay una gran diferencia entre ambas naciones: la cantidad de madres. En la Argentina hay apenas 350 mil, mientras que en Estados Unidos hay aproximadamente seis millones en el mercado.
Asimismo, según el ingeniero, el consumo per cápita de cerdo en el gigante norteamericano es mucho mayor al de la carne de res, ya que es más accesible.
Sin embargo, el especialista destacó que el estatus sanitario argentino está por encima del estadounidense, a la vez que aseguró que allá hay muchas enfermedades que no están presentes en nuestro país.
Por otra parte, en Estados Unidos la producción se vende a peso fijo, con 130 kilos promedio por animal, contra los 115 kilos promedio comercializados en la Argentina. Otra de las diferencias que remarcó Zabala es que los efluentes porcinos no se desperdician en EE.UU., sino que son utilizados como biofertilizantes.