l cardo ruso llegó a la Argentina en 1942, de la mano de los españoles. La planta logró adaptarse con éxito a las zonas áridas, incluso a suelos salinos con grandes variaciones de pH y acidez. Sin embargo, nunca ha tolerado la sombra.
Si bien desarrolla un ápice espinoso que lastima la boca de los rumiantes al medir unos treinta centímetros de alto, su composición nutricional en el ciclo vegetativo es ideal para el ganado de carne.
En el sudoeste de La Pampa y Buenos Aires han aplicado muy buenas pautas de manejo para aprovechar la planta, logrando extender la producción de carne de noviembre a febrero.
Otro de los factores a tener en cuenta es que, como toda planta bien adaptada a condiciones extremas, tiene mecanismos biológicos diseñados para sobrellevar los peores escenarios.
Por otro lado, el cardo ruso desarrolla químicos que pueden ser tóxicos si no son bien manejados, como los nitratos y oxalatos. No obstante, los riesgos por intoxicación son muy bajos en rumiantes, pero es necesario evitar los pastoreos en días nublados y húmedos. A ciencia cierta, solo basta con esperar que la planta evolucione, aumentar la materia seca y los azúcares solubles, y los peligros se eliminarán totalmente.
Por otra parte, los millones de microorganismos que habitan en el rumen son los mejores agentes combatientes que desactivaran esas sustancias, cuando se acostumbra a los animales a consumir forrajes o alimentos que puedan tener algún compuesto químico de riesgo.