na de las grandes ventajas de vivir en un país productor de vino es poder disfrutar de la una gran variedad de opciones: tintos, blancos, espumosos y rosados, que además son de altísima calidad.
Más allá de que el vino tinto –especialmente el Malbec– sea el gran favorito de los argentinos, los rosados ganan cada vez más adeptos por ser suaves, frescos, dulces y fáciles de beber. Su color, que seduce en copa, invita a degustarlo frío pero no helado, generando placer y frescura.
Si bien el método de elaboración más conocido es el del sangrado, también está la opción del prensado directo y el de maceración corta, más rápido y de bajo costo.
El vino rosado es perfecto para acompañar comidas poco condimentadas o para opciones de mar como el salmón rosado, el pescado blanco, los camarones o el pulpo. No obstante, también se puede beber mientras se disfruta de un atardecer o se lee un libro.
Lo que es seguro es que, ya sea como aperitivo, acompañamiento del plato principal, en tardes sociales o mientras se disfruta de un momento a solas, el vino rosado es una opción ideal para el verano.