uál es la situación del comercio mundial y cómo afectó el coronavirus a la Argentina y Latinoamérica fue el tema de debate del panel “Cadenas de suministro de alimentos, restricciones al comercio y coordinación global en la pandemia” en el Congreso Maizar 4.0, del que participaron Máximo Torero, subdirector general del Departamento de Desarrollo Económico y Social de la FAO; Luis Zubizarreta, presidente de la Cámara de Puertos Privados; y Valeria Piñeiro, senior research coordinator de IFPRI.
En relación a la situación de las cadenas de suministro de alimentos en plena pandemia de coronavirus, Torero expresó: “A nivel global, el panorama es bastante complejo: es una pelea de box de 15 rounds y vamos por el tercero”. Según explicó, la primera etapa fue de contención. En cereales, un mercado intensivo, el 45% de las reservas son de China. “El problema era más bien logístico, cómo mover la producción, lo que se ha ido mejorando”, afirmó. En tanto, en productos de alto valor, como la carne, que son más intensivos, hay alimentos disponibles y la logística se está resolviendo.
En cuanto a la segunda etapa, Torero indicó que 16 países, con una participación en el comercio global que ronda el 7%, aplicaron restricciones a la exportación, aunque las mismas no son tan fuertes como las que se vieron en la crisis de 2008, cuando 33 países lo hicieron, y representaban cerca del 30% del total. No obstante, se prevé que América Latina tenga un incremento importante de la pobreza extrema.
De acuerdo a la OECD, la actividad económica global caerá un 6,5%, con un desempleo del 9,2% si no surge un rebrote antes de fin de año. Una nueva ola de contagios elevaría esas cifras al 7,6% y 10%, respectivamente. De los países del G20, la Argentina está en el quinto lugar en cuanto a la caída del PBI proyectada, con entre el 8% y el 10%.
En este sentido, destacó que “hay que satisfacer las necesidades de las poblaciones más vulnerables, y usar al sector productivo para que esos alimentos que no van a poder exportar sean enviados para la población que necesita. Estados Unidos lo está haciendo”.
Asimismo, consideró fundamental evaluar cómo incrementar la eficiencia, a fin de evitar la pérdida en productos de alto valor. Según Torero, el después de la pandemia va a implicar un cambio logístico muy fuerte: va a crecer la robótica, los vegetales se van a producir más cerca de las ciudades –verticalmente, en hidroponía–, y va a aumentar la automatización y el e-commerce.
Por su parte, Valeria Piñeiro, senior research coordinator de IFPRI, identificó tres etapas: el corto plazo, con restricciones logísticas; el mediano plazo, en el que seguirán los cortes de empleo y surgirán problemas de insumos; y un largo plazo, con recesión mundial y dietas menos nutritivas. “El análisis sobre las políticas y la priorización es y será indispensable”, aseguró.
En esa línea, la especialista advirtió que hay tres tipos de amenazas: internacionales, a la oferta y a la demanda. “Las economías de América Latina parten de una situación más delicada; en el segundo semestre de 2019 el crecimiento siguió siendo muy débil. Las más vulnerables son las que tienen mayor deuda externa. De esto solo se salva Perú, mientras que la Argentina y Brasil son los que están más complicados”, indicó.
Para América Latina, se calcula una disminución del PBI del 6%, y del 30% en las exportaciones. Los productos intensivos en mano de obra tendrán una mayor caída, con una baja del consumo global de frutas y verduras por problemas logísticos. “En el Mercosur, en particular, los bienes perecederos, como ciertas frutas, hortalizas, flores y mariscos, se han visto afectados por la disminución del tráfico aéreo de pasajeros. Y el sector de alimentos y agropecuario está teniendo consecuencias directas, con la caída de los precios internacionales”, manifestó.
En tanto, Luis Zubizarreta, presidente de la Cámara de Puertos Privados Comerciales, se enfocó exclusivamente en la situación de la Argentina. “Haber sido encuadrados como actividad esencial nos permitió seguir con el pico de cosecha, aunque rápidamente se sumaron problemas por temor, comunidades que se cerraron y no dejaban pasar, junto con puertos que bloquearon accesos. Fue un estrés grande durante unos días, pero pudimos salir adelante con ayuda de los gobiernos provinciales y el nacional, fuimos definiendo protocolos para dar seguridad y tranquilidad frente a lo desconocido, y esto permitió que la cosecha fluyera”, detalló.
Asimismo, Zubizarreta subrayó que la actual es una de las principales cosechas históricas, pese a lo cual no hubo grandes demoras. “En esto influyeron las inversiones privadas en puertos. Tuvimos récord de embarques pese a la bajante extraordinaria del río, la mayor en medio siglo, pero la operación continuó; la preocupación era por la tripulación de los barcos y la gente que tiene que subir a ellos”, explicó.
Además, el ejecutivo hizo referencia al tráfico fluvial en el Mercosur. “Si se hacen las cosas bien, esos flujos tienen gran oportunidad de crecer. Tenemos un río extraordinario, sin represas, con navegación limpia y fácil. La relación entre los países ha ido mejorando, hubo inversiones en el río: de 700.000 toneladas que movían en 1988, hoy llegan a 20 millones”, destacó.
Por último, Torero remarcó que “hay que mejorar el comercio interregional. Los países que exportan tienen que crear nuevas demandas más cercanas, y los países grandes tienen que ser más transparentes; hay grandes importadores y la información de stock no está”.