on más de siete mil millones de personas en el planeta, los expertos temen por la cantidad del agua utilizable. El especialista Peter Gleick profundiza sobre los síntomas de la problemática: constantes sequías, malas cosechas a gran escala, migración de la agricultura, conflictos sociales y temores por una “guerra del agua”.

Las dificultades más simples para invocar esta problemática son el hambre y la sed. Solo unas pocas horas de privación familiarizarían a una persona con ambos. Medio galón de agua de agua potable –equivale a dos litros aproximadamente– al día es lo que cada uno de nosotros debería beber como mínimo. En las partes secas del mundo, o en las partes semisecas donde hay demasiada gente y no hay sistema de suministro de agua, la búsqueda de ese medio galón diario puede ser angustiante. Una encuesta realizada en 2015 a miembros del Foro Económico Mundial en Davos definió a la “crisis de agua” por primera vez como la principal amenaza del mundo, antes de la “propagación de enfermedades infecciosas” y las “armas de destrucción masiva”.
Cada año, el Pacific Institute, organización liderada por el hidrólogo Peter Gleick actualiza una cronología sobre los conflictos y disturbios en relación al agua a nivel mundial. En 2017, el instituto registró más de setenta incidentes, decenas de ellos mortales, principalmente en Medio Oriente y África, en comparación con los datos recabados durante 1997, cuando solo hubo tres.

Cuando los expertos en agua afirman que el planeta se encuentra “fuera de la estacionalidad”, quieren decir que la forma poco eficiente en la que el mundo está utilizando el agua ha provocado circunstancias sin precedentes –sistemas sobrecargados, áreas de privación y agotamiento, entre otras– con consecuencias imposibles de predecir. Mientras el Nilo, el río Amarillo en China, el Indo en Asia y el Colorado sufren estrés hídrico, el Ganges fluye, pero con un altísimo grado de contaminación. Los acuíferos que contienen agua fósil son tan vulnerables a la contaminación como el agua superficial.
La India registra una alta tasa de suicidios (11.300 durante 2016) en agricultores ante la desesperación por aguas subterráneas desaparecidas, y la pobreza que esto impone. Sumado a esto, la inseguridad hídrica atenta contra la seguridad alimentaria, obligando a la migración de muchas regiones agrícolas productoras de alimentos.
“Un recurso renovable tiene un flujo limitado. Nunca te quedas sin ella, como la luz del sol. La mayor parte del agua es renovable (lluvia, deshielo, ríos), pero en cada vez más lugares del mundo nos encontramos con límites provocados por el uso máximo. El ejemplo clásico es el río Colorado, cuya gota apenas alcanza su delta, en México. Se agota por completo en el camino”, explica el experto Peter Gleick. Según el hidrólogo, existe un límite de cuánta agua se puede tomar; ese límite, su pico, es el flujo renovable del recurso.

El segundo componente del “pico de agua no renovable” es similar al “pico del petróleo”. “Un acuífero no es sostenible si los humanos lo bombean más rápido de lo que la naturaleza lo carga”, sentencia Gleick.
La forma en que se utiliza el agua en el Medio Oeste y el Oeste, y en otras partes del mundo, ejemplifica un principio del siglo XIX llamado la “tragedia de los bienes comunes”. Básicamente, el concepto representa la falta de regulación existente ante un recurso disponible para todos; es decir, la gente lo usará para su propio beneficio hasta que se consuma en lugar de conservarlo.
Si bien tratados, arreglos y acuerdos gobiernan el uso del agua en Occidente, un tribunal en 1861 escribió que “la naturaleza secreta y oculta del recurso hizo imposible su control”.

“El tercer concepto de pico de agua es el pico de agua ecológica. El pico renovable y el pico no renovable describen efectivamente los problemas con la oferta y la demanda. Sin embargo, un tercer problema son los daños ecológicos que resultan del uso humano del agua. Digamos que tomamos más y más agua de un río. Cultivamos más alimentos, fabricamos más widgets, obtenemos un beneficio económico, pero el costo ecológico también aumenta a medida que las pesquerías sufren y los humedales se secan. Eventualmente, los costos ecológicos negativos superan los beneficios económicos. Definimos eso como el punto de pico del agua ecológica”, explica Gleick.
El pico de agua nunca debe significar que las personas mueren de sed, ya que eso representaría el fracaso de los gobiernos. Sin embargo, los ecosistemas, la agricultura y las economías sienten primero el pico del agua. “Ya estamos viendo que las restricciones de los picos de agua perjudican nuestras economías, especialmente con la sequía, ya que los agricultores tienen que barbechar la tierra, lo que conduce al desempleo”, agrega el hidrólogo.
Un camino posible es la conservación, tácticas como la captura de aguas pluviales o el tratamiento y la reutilización de aguas residuales para fines no potables como riego, el enfriamiento de plantas de energía y la restauración de aguas subterráneas.