Las aguas del canal de Beagle, que dividen a la Argentina y Chile, y en las que confluyen los océanos Atlántico y Pacífico, se han convertido en un botín de guerra. La industria salmonera se enfrenta al rechazo de la población local ante el temor a la destrucción de un hábitat marino que atrae a miles de turistas cada año. En señal de protesta, grandes chefs argentinos reconocidos mundialmente, como Francis Mallmann, Mauro Colagreco y Narda Lepes, se suman a la causa visibilizando la problemática y eliminando el salmón de sus restaurantes.
En este contexto, Tierra del Fuego fue el escenario en el que el Francis Mallmann, considerado el chef más interesante del mundo, cocinó para más de 500 personas. La original manifestación contra la instalación de salmoneras en la Patagonia, que fue impulsada por la ONG Sin Azul No Hay Verde, contó con la presencia del exitoso chef que, además, tomó la decisión de quitar el salmón del menú en sus diez restaurantes alrededor del mundo. La iniciativa se replicó entre otros exponentes de la gastronomía nacional que denuncian los riesgos de la industria salmonera que busca instalarse en la zona. Mallmann explicó su postura: “Hace un tiempo comenzamos a escuchar los problemas que hubo en Chile con el tema de los antibióticos que le dan al salmón y hace tres meses decidimos dejar de servirlo en todos nuestros restaurantes de Argentina y de todo el mundo. Creo que nunca es tarde para hacer cambios y empezar de nuevo”.

La salmonicultura es una rama de la agricultura enfocada en la producción intensiva de salmónidos. La técnica de utilizar jaulas flotantes en el mar se originó en Noruega a finales de la década del sesenta, y es la que se importa a los países menos desarrollados. Las salmoneras parecen piscinas colocadas una al lado de la otra en el mar, pero bajo el agua miles de salmones crecen hacinados, y sus heces, la orina y la comida que sobra termina en el fondo marino. En poco más de un año, muere toda la fauna y flora que vivía allí. Las jaulas se vacían después de unos quince meses de uso –por un mínimo de tres meses, pero puede ser dos años o más– y las salmoneras buscan nuevas aguas.
En la costa argentina, a diferencia de la chilena, hay pocos lugares aptos para la salmonicultura industrial, siendo uno de ellos el canal de Beagle. Los primeros rumores del interés por sus aguas comenzaron hace cuatro años, cuando los pescadores fueguinos Diana Méndez y Sergio Carreras recibieron en 2015 a técnicos chilenos que querían analizar la viabilidad de instalar una granja multitrófica para el cultivo de salmones, algas y mejillones. El salmón es un pez de aguas frías originario del hemisferio norte, pero Chile lo introdujo hace ya más de treinta años para el desarrollo de la acuicultura. Hoy, este país es el segundo exportador mundial, solo detrás de Noruega. La industria tiene una facturación anual de US$5.200 millones y provee 70.000 empleos, según los datos de Salmón Chile, la asociación que reúne a los productores.

Gran parte de la comunidad fueguina se muestra activa y expresa su negativa a la instalación de las salmoneras. El impacto ambiental que provoca pone en peligro las fuentes de trabajo en la zona, que giran en torno a la pesca artesanal de centolla, una joya culinaria de los restaurantes de Tierra del Fuego. Las aguas del Beagle albergan lobos de mar, pingüinos, ballenas, centollas, cangrejos, róbalos, truchas, sardinas, pulpos, mejillones, erizos y estrellas, entre otros animales. “Quienes han buceado bajo jaulas de salmones abandonadas, describen un mar muerto con un fondo de barro putrefacto”, expresan en cada protesta.
Por su lado, la industria minimiza –aunque no niega– el daño ambiental. “El cultivo se deja descansar hasta que se recuperan los fondos marinos. Ocupamos mínimas porciones del mar”, asegura el presidente de Salmón Chile, Arturo Clement.
En la Argentina, un estudio de factibilidad para la introducción de la salmonicultura detectó seis zonas muy aptas y propuso el desarrollo de una de estas áreas como prueba piloto, según contó Juan Ignacio García, coordinador de la licenciatura de Economía de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego. Se pretende, en una primera instancia, instalar las jaulas de engorde, aunque el proyecto fue frenado. Ushuaia se ha movilizado contra las salmoneras, así como también lo ha hecho la localidad chilena de Puerto Williams, donde el pasado marzo los reyes de Noruega fueron recibidos por manifestantes vestidos de luto y pancartas en rechazo a la acuicultura. La empresa noruega Nova Austral, investigada en Chile por presunta sobreproducción y falsificación de datos sobre mortandad de peces, llegó a instalar varias jaulas, pero luego se vio obligada a retirarlas.
Un nuevo intento de introducir la salmonicultura en Argentina partió de las más altas autoridades estatales. En marzo de 2018, los reyes de Noruega visitaron Buenos Aires y firmaron un convenio con el Gobierno de Mauricio Macri para realizar un estudio de factibilidad. En ese entonces, fuentes de la Subsecretaría de Pesca informaron que el proyecto contemplaba entre dos y cuatro concesiones, con el objetivo de producir entre 20.000 y 50.000 toneladas de salmón del Atlántico en aguas argentinas. Se firmaron tres convenios entre la Agencia Gubernamental de Inversiones de Noruega y el Ministerio Nacional de Agroindustria, la Fundación Argentina para la Promoción de Inversiones y Comercio Exterior y la provincia de Tierra del Fuego. Dentro del marco de la Ley Nacional de Acuicultura, para las autoridades estos acuerdos buscaron promover el desarrollo de la industria en la región. En marzo de este año, los resultados del estudio de factibilidad revelaron los posibles puntos para el cultivo de salmones, con el nombre de “puntos de sacrificio”.
La mitad de la población de Ushuaia vive del turismo, mientras que la otra mitad vive de la industria, favorecida por la exención de impuestos que rige en esta provincia. Ante la pérdida de empleos en el sector, las autoridades provinciales se mostraron –a priori– a favor de las salmoneras, pero después dieron marcha atrás y ahora aseguran que el tema está fuera de agenda. La vicegobernadora electa, Mónica Urquiza, impulsó desde la oposición una ley para prohibir la salmonicultura en Tierra del Fuego, mientras que los ecologistas presionan para que pase de ser una promesa electoral a una realidad.
La instalación de salmoneras en el país está frenada por una ordenanza municipal. El reclamo puntual de ecologistas, científicos y de la comunidad en general consiste en lograr que se prohíba la práctica por ley y se haga extensiva a todo el territorio provincial, la Antártida e Islas del Atlántico Sur.
El salmón es una especie exótica del hemisferio norte. El Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia presentó estudios para demostrar que su producción industrial es altamente contaminante. La causa: la concentración de heces y pellets con antibiótico arrojado a esas jaulas flotantes, que se asientan en el lecho marino y que otras especies -como crustáceos- pueden ingerir. Otra de las críticas de los ecologistas son las fugas periódicas de salmones, como la protagonizada el año pasado en instalaciones de la empresa noruega Marine Harvest en Chile, de donde se escaparon cerca de 700.000 peces. Según afirman biólogos locales,el salmón es una especie exótica y muy depredadora que puede arrasar la fauna local y compite en alimento con otras especies, por ejemplo con el pingüino de Magallanes, que también come sardinas y anchoítas.
El biólogo marino Gustavo Lovrich, quien ha llevado a cabo investigaciones científicas en el área desde la década de 1980, es uno de los que pertenecen a un movimiento civil que ha estado destacando el impacto negativo del cultivo de salmón:“Los mamíferos marinos y las aves marinas se enredan en las redes, y los empleados de este tipo de granjas matan focas que intentan meterse en las jaulas para comerse los peces.Esto es preocupante porque tenemos muchas colonias de lobos marinos que atraen a los turistas. La introducción de granjas de salmón aquí diezmaría la población de focas ”,sostuvo.

Organizaciones como Greenpeace y Sin Azul No hay Verde consideran la instalación de salmoneras como un error descomunal que constituye una amenaza para la biodiversidad de la zona. Ambos organismos llevan adelante una intensa campaña para frenar la salmonicultura intensiva en los mares patagónicos de Chile y la Argentina. “El ejemplo de la salmonicultura en Chile debe servir para ilustrar el impacto ambiental, sanitario, social y económico de una actividad esencialmente contraria a la sustentabilidad. Argentina está a tiempo de evaluar lo nefasto que sería esta industria para el desarrollo sostenible de la Patagonia”, señaló Estefanía González, coordinadora de la campaña océanos de Greenpeace Andino.

El Foro para la Conservación del Mar Patagónico es otro de los actores que encabeza esta lucha. Se trata de una red internacional creada para coordinar el trabajo conjunto de organizaciones de la sociedad civil interesadas en promover políticas y medidas para la preservación del Ecosistema Marino Patagónico. En su estudio, dio a conocer una investigación que encendió la alerta respecto de las graves consecuencias ambientales que implicaría el inicio de estas actividades en las aguas patagónicas argentinas.
De esta manera, el Foro expuso la realidad salmonera chilena, el segundo productor mundial de salmones después de Noruega, que lleva tres décadas de explotación. En 2017, Chile produjo 791.000 toneladas de salmones en sus centros repartidos en una amplia zona del sur del país; algunos de ellos se encuentran dentro de reservas nacionales pertenecientes al Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas, y otros en zonas que han pertenecido desde tiempos ancestrales a pueblos indígenas. Como parte de la investigación, se identificaron varios problemas ambientales asociados a la explotación de salmones, siendo la la fuga de éstos uno de ellos. En Chile, por ejemplo, se han registrado fugas de un millón de peces y con recapturas que, en general, no superan el 2%; a esto se le suma la acumulación de residuos sólidos y líquidos en el fondo marino, derivada de los alimentos no consumidos, las heces y la mortalidad de las especies marinas.
El informe concluyó que la salmonicultura en la Argentina, por ser una actividad basada en especies exóticas, causaría graves impactos ambientales, sanitarios, sociales y económicos, y no cumpliría con las condiciones esenciales de sustentabilidad que requieren las iniciativas actuales de desarrollo.
Claudio Campagna, presidente del Foro para la Conservación del Mar Patagónico, sostuvo: “En base a la abundante información científica y técnica disponible, el cultivo de especies introducidas en un ecosistema tan rico y frágil como el mar patagónico representaría un error histórico que lamentaríamos siempre. Las graves implicancias ambientales de la salmonicultura, sobre todo en ecosistemas donde estas especies no son nativas, están totalmente comprobadas y son irreversibles”, afirmó.
Para Estefanía González, coordinadora de la campaña de océanos de Greenpeace, “no existe ningún país en el mundo que proponga como alternativa innovadora el desarrollo de la salmonicultura. De hecho, la tendencia internacional está yendo en sentido contrario. Estados Unidos se está cerrando a este tipo de actividad porque ha demostrado ser muy nociva no solo para el medio ambiente, sino también para las economías locales. Por eso, resulta tan extraño que la Argentina la considere como una solución, ya que ha tenido más impactos negativos que beneficios, como ha sido el caso chileno”, afirmó.
“No servimos más salmón debido a la alimentación que utilizan las salmoneras y la cantidad de antibióticos que son suministrados, con el consiguiente impacto que estas variables tienen en nuestros océanos”, anunció Mallmann en su cuenta de Instagram con los hashtags #NoALaSalmonicultura y #NoSalmón.
En línea con lo propuesto por Francis Mallmann, los chefs Fernando Trocca, Narda Lepes, Mauro Colagreco –reciente ganador de tres estrellas Michelin– y Germán Martitegui también viralizaron la campaña.
En un país pesquero como el nuestro, en el que casi no se consume pescado (5 kilos anuales per cápita), solo estas estrellas de la cocina logran poner en boca de todos la polémica del convenio que la Argentina firmó hace un año con Innovation Norway. “El salmón que consumimos en la Argentina proviene de la salmonicultura. Es importante que sepan esto para que podamos explicarles qué es realmente lo que están comiendo”, así comienza el texto que también subieron a sus redes sociales chefs como Leandro Lele Cristóbal, Aldo Graziani, Tomás Kalika, Fernando Mayoral, Malvina Gehle (Green Bamboo), Nicolás Piatti (Hotel Hilton Bogotá) y Sebastián La Rocca (establecido en Costa Rica).

“Mientras quieren traer la industria a la Argentina, en el resto del mundo se está prohibiendo”, sigue la campaña. “Tiene un costo ambiental, social y económico que tiene consecuencias devastadoras e irreversibles. Así como nos dimos cuenta que comer pollos o vacas que son criados de manera extensiva no es bueno para el medioambiente y la salud, lo mismo va a pasar con el salmón. Al momento de elegir, tenemos que optar por un pescado que se crió libremente en el mar, en vez de uno al que le dieron de comer alimento balanceado, antibióticos y alimento para transformar la carne blanca en rosada”, dijo Fernando Trocca.
Desde la organización Sin Azul No Hay Verde se impulsa la creación de parques nacionales marinos mediante una ley. “Estábamos esperando que la ley llegue al Congreso para empezar a hacer ruido; ahora es el momento para que todos nos sumemos a decir lo que pensamos, así la gente se entera”, sostiene el chef.
Narda Lepes argumentó: “Más allá de lo ambiental, está lo económico. El segundo ingreso de Ushuaia es el turismo. Las salmoneras noruegas se quedan diez años, dejan desempleo y desperdicios. Hablan de 1.000 puestos de trabajo cuando el turismo en Tierra del Fuego alimenta a 17.000 familias”.
Para Marcello Lietti, quien trabaja para la Cámara de Turismo en Ushuaia, cualquier actividad que afecte negativamente la rica biodiversidad de la región impactaría directamente en una industria turística que contribuye con $74 millones al año a la economía local. “El Canal Beagle es nuestra segunda atracción turística más grande después del parque nacional Tierra del Fuego, y 16.800 fueguinos dependen del turismo en la región para su sustento”, sentenció.
Para las comunidades locales y los miembros de los grupos indígenas de la Patagonia, la amenaza del cultivo de salmón está siempre presente. Los residentes y ecologistas, junto con el apoyo de los chefs, continúan haciendo progresos en su propia batalla para evitar la introducción de las primeras granjas de salmón en el país. Sus voces están respaldadas por un creciente cuerpo de evidencia científica acumulada contra el interés de la industria acuícola.