Ante el proyecto que presentó China para la certificación que establecerá estándares internacionales para grandes proyectos de infraestructura, Estados Unidos pretende aprovechar la creciente inquietud del resto de Asia acerca de los riesgos y costos de la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda (BRI).
La Blue Dot Network, encabezada por EE.UU., examinará y certificará proyectos para promover el desarrollo de infraestructura “impulsado por el mercado transparente y financieramente sostenible” en Asia y en todo el mundo, según dijeron sus organizadores.
La empresa será inicialmente dirigida por la Corporación para Inversiones Privadas en el Extranjero (OPIC), en cooperación con el Banco de Japón para la Cooperación Internacional y el Departamento de Relaciones Exteriores y Comercio de Australia.
El plan lo anunció la OPIC, la agencia estadounidense que promueve la inversión en los mercados emergentes, en un Foro Empresarial del Indo-Pacífico patrocinado por EE.UU., que se celebró al margen de la cumbre anual de líderes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en Bangkok (Tailandia).
Los organizadores formarán un comité directivo para desarrollar el plan, invitando a otros países, compañías privadas y grupos de la sociedad civil a unirse. “Cada punto azul debe considerarse un punto en el mapa que será un lugar seguro para que las compañías operen si les interesan los proyectos de infraestructura sostenible”, dijo Wilbur Ross, secretario de Comercio de EE.UU.
El proyecto se presenta a raíz de ciertas críticas de que algunos proyectos de la BRI crean supuestas trampas de deuda para los países beneficiarios o no cumplen con los estándares internacionales sobre transparencia, derechos de los trabajadores locales y estándares ambientales.
Sin embargo, no está claro qué tan efectiva será la iniciativa respaldada por Washington para frenar los desarrollos insostenibles de BRI. Los organizadores de Blue Dot Network afirman que la iniciativa servirá como un catalizador para las finanzas privadas, pero no tendrá una función crediticia propia. En cambio, la BRI cuenta con un financiamiento de miles de millones de dólares de bancos y compañías estatales chinas.