L
a pospandemia podría presentarse como una escenario para la moderación del déficit fiscal y de una reducción impositiva que posibilite lograr una reactivación sostenible. Desde el Gobierno diseñan un proyecto de cambios para generar una “armonización tributaria”. Sin embargo, la enunciación de los laberintos en los que se ingresa cuando se habla de una reforma de impuestos y del sistema de recursos de la seguridad social es compleja.
El ministro de Economía, Martín Guzmán, afirma que la iniciativa del Ejecutivo se basa en fortalecer al fisco, mejorar los incentivos para el empleo y la producción, Y simplificar y dar más progresividad. No obstante, según economistas y tributaristas, para plantear un cambio integral al sistema impositivo debe ponerse blanco sobre negro qué se busca financiar y , en función de eso, evaluar la cantidad y las fuentes de recursos necesarios, en una tarea continua en el tiempo. “Hay que definir qué rol y qué tamaño se le quiere dar al Estado y qué necesidades de financiamiento surgen de ahí”, explica la economista María Castiglioni, de C&T Asesores.
Para la especialista, la necesidad de una definición de qué se quiere financiar también debe incluir una reforma previsional. “El sistema jubilatorio nacional, que se financia tanto con contribuciones de empresas y aportes de asalariados, monotributistas y autónomos, como también con impuestos de rentas generales, en los hechos, y a falta de debates de fondo, ea blanco de algunas de las flechas que se lanzan a causa de los problemas fiscales”, advierte Castiglioni.
Por otro lado, una característica del sistema argentino es la existencia de tributos que nacen en coyunturas de crisis y solo con una vigencia temporal, pero que después se mantienen por años. Una de las razones por las cuales hay tributos considerados contrarios al objetivo de alentar la actividad formal que no se anulan ni se cambian por otros, es que son fáciles de recaudar, como el impuesto al cheque.
Para Gabriela Russo, contadora y presidenta del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad de Buenos Aires, entre las claves de una reforma debe incluirse la baja de la carga fiscal que pesa sobre sectores como las pymes, los emprendedores, las economías regionales y las actividades productivas que generan empleo registrado. La capacidad contributiva se manifiesta en el consumo, la renta y el patrimonio, y lo que debe ponderarse con más fuerza son las últimas dos variables.
Además del rediseño de la estructura general, Russo considera que el esquema tributario podría usarse para responder a otros objetivos. “En el caso de empresas grandes, planteamos que haya incentivos para que más mujeres puedan conformar los directorios u ocupar cargos de decisión”, dice. Una forma sería que se diferencien las deducciones de Ganancias en los ingresos de quienes ejercen ese tipo de funciones.
Ambos tributos vigentes pesan en forma directa sobre las personas. En el caso del gravamen sobre las Ganancias, en los últimos años no existió una discusión de fondo sobre el alcance de este tributo.
Respecto al monotributo, expertos coinciden en que hace falta corregir el salto que exist, en materia de costos, entre ese régimen simplificado y el régimen general. “Estamos trabajando desde el Consejo Profesional en una propuesta de un régimen puente para la transición”, afirma Russo. Más allá de eso, ante la crisis actual la entidad le acercó algunas propuestas al Gobierno para tratar de alivianar la situación de los monotributistas. Una de ellas es subir a un 100% los topes de facturación de las categorías que determinan cuánto se aporta por mes.
Una respuesta posible ante posibles tensiones implicaría transitar un camino con medidas graduales, consensuadas y sostenidas en el tiempo. Para Alberto Tarsitano, director de la maestría en Derecho Tributario de la Universidad Católica Argentina (UCA), sería desacertado proyectar una reforma impositiva en el contexto actual. “El intento de cambiar sustancialmente la estructura impositiva en medio de una gran crisis económica, más que una oportunidad es un desatino; el panorama se enturbia más porque a la crisis se le agrega la urgencia de financiar las ayudas por la pandemia, en un país con presión tributaria récord y sin financiamiento externo”, advierte.
Más allá de la falta de precisiones sobre qué dejará la crisis actual, Tarsitano considera que “no se debería hablar de reforma tributaria si no existe una definida política económica que tenga un razonable consenso entre los actores centrales de la vida económica y social”. Por último, advierte que “proyectar una reforma por el lado de los ingresos, sin mejorar la eficacia y la eficiencia del gasto público, es poner el caballo detrás del carro”.