a Argentina es reconocida por la calidad de sus ajos a nivel mundial, posicionándose como el tercer exportador mundial luego de China y España. El país exporta el 76% de las 160.000 toneladas producidas anualmente, de las cuales el 81,4% se destina a Brasil. El calibre, el aspecto y la conservación del ajo son atributos altamente valorados en el exterior.
Compartimos algunas cuestiones que permiten transitar el período más crítico del cultivo para la determinación de sus rendimientos.
Ésta se inicia con la brotación, cuando el balance entre hormonas promotoras e inhibidoras de crecimiento se inclina hacia las primeras, en respuesta a las condiciones ambientales a finales del verano-otoño, y el bulbillo semilla “despierta” con la señal de inicio de su crecimiento. El brote que se encuentra en el interior del diente de ajo es clave para inferir muchos procesos.
Se trata de una herramienta fundamental para determinar el estado fisiológico óptimo de plantación, que se establece cuando el brote interno del bulbillo alcanzó el 70% de la hoja de reserva. Superado ese valor, se llega al pico de concentración de alicina y empieza a considerarse el envejecimiento de la semilla.
Las heladas que se producen entre abril y septiembre, al menos durante 20 días por mes dependiendo de la zona, ocasionan un recambio entre especies de malezas estivales e invernales. Tizones, royas, y la temida podredumbre blanca (Sclerotinia sclerotiorum) son amenazas presentes cada año. Todos estos factores, sumados a inclemencias climáticas, problemas de suelos y baja eficiencia de riego, afectan el desarrollo vegetativo de la planta en crecimiento con consecuencias sobre el rendimiento potencial.
En este sentido, el manejo de herbicidas en ajo es crucial, como también la renovación de principios activos.

El rendimiento del cultivo es una función directa de la biomasa fotosintetizante; es decir, existe una alta correlación entre la velocidad de ocupación del espacio durante el crecimiento inicial del cultivo, la tasa de crecimiento del bulbo durante la etapa de llenado y el peso seco del bulbo al momento de la cosecha. Todas las expresiones de mayor crecimiento vegetativo, como la mayor longitud del período de cultivo, la altura de la planta y la tasa de aparición de hojas previas a llenado de bulbo, están altamente relacionadas con el rendimiento total de la parcela.
Para alcanzar esa mayor expresión vegetativa es fundamental que la planta emita el mayor número de raíces posibles, las mantenga funcionales, y que también se encuentre acompañada por el número de hojas verdes necesarias.
La provisión de agua y nutrientes es fundamental para asegurar un buen llenado de bulbo al final de la etapa de rápido crecimiento vegetativo. Los requerimientos totales de agua en el cultivo rondan los 900 milímetros durante los momentos más sensibles, es decir, en la brotación y en la etapa de rápido crecimiento del bulbo.
La fertilización tiene mucho que aportar. Los cultivares de ajos responden positivamente a la fertilización nitrogenada en dosis variables según el cultivar, densidad, tipo de suelo y resultados del análisis de fertilidad.
Los micronutrientes también cumplen un papel vital en el crecimiento y desarrollo de las plantas. La utilización de zinc, boro, hierro y manganeso muestran una mejora en el crecimiento y rendimiento del cultivo, debido a un aumento de la actividad enzimática y fotosintética.
Las hormonas vegetales, giberelinas, auxinas y citoquininas, están involucradas en la mejora de la actividad fotosintética de la planta y en la asimilación eficiente de los productos de ella, lo que lleva a una rápida división y elongación celular en las porciones de crecimiento de la planta, además de a la estimulación del crecimiento y a un incremento de la absorción de nutrientes.
Tanto parámetros de crecimiento del ajo –como la altura de la planta, el número de hojas y el diámetro basal– como parámetros relacionados al rendimiento y la calidad del mismo –como el diámetro del bulbo, el peso seco y el peso fresco, el número de dientes y el rendimiento por hectárea–, son consistentemente superiores a un tratamiento sin aplicación.