El brunch es la fusión del desayuno y el almuerzo anglosajón. En los últimos años, esta tendencia se impuso en los circuitos gastronómicos porteños. A continuación, te recomendamos cuatro de los mejores restaurantes para disfrutar de un buen brunch.
Este café, ubicado en el barrio porteño de Villa Crespo, ofrece un brunch para dos que incluye dos cappuccinos o lattes; avocado toast; bagel con bacon; cheddar; huevos revueltos; blondie; yogur artesanal con granola y frutos rojos; y jugo de naranja.

Otra opción de la casa es el brunch “El Bautismo”, que cuenta con dos cappuccinos o lattes; ciabatta con crudo; brie; tomates y verdes; papas bravas; french toast; porción de chocobilbo (similar a una chocotorta) y dos copas de vino.

El ambiente es acogedor y las plantas y pinturas en sus paredes transforman el espacio en un lugar ameno y familiar. En el subsuelo, el café cuenta con un apartado especial para coworking con red WIFI disponible para todos los clientes.

El brunch incluye waffles (al estilo belga) con dulce de leche y salsa de chocolate; tostado, con mucho jamón y queso, y pan de leche japonés (más suave, aireado y algo dulzón); dos tortitas en formato lingotes, que bautizaron como fraccionadas; jugo de naranja y dos infusiones.

Ubicada en el tradicional barrio de Caballito, Lab Sucré impone una propuesta innovadora: se trata de una pâtisserie de diseño que incorpora sabores asiáticos. El local destaca por el orden y el refinamiento con estanterías geométricas y sillas Eiffel. Además, el uso de varios tonos de madera clara logra crear un ambiente cálido, donde los clientes se sienten a gusto.
Este innovador espacio propone “comida del mundo basada en plantas”. Esta idea se refleja en su menú y en la gran diversidad de platos elaborados sin carnes ni derivados de animales. Los platos no se clasifican por el tamaño, sino que se dividen en snacks (aquellos que salen rápido), suaves y fuertes.

El brunch es un buen resumen de la propuesta en general, ya que suma opciones de cada una de las áreas de cocina y bebidas que conforman el menú del restaurante: de pastelería, por ejemplo, aporta una carrot cake; de la barra salen cócteles y mocktails; de la cafetería marcha un mocha con leche de avellanas; y de la cocina llegan variedades de platos como pakoras de kale regadas en harissa, sándwich de zucchini, berenjena grillada, tomates marinados y queso de girasol, entre otros.

Sacro cuenta con una vajilla elaborada por ceramistas de todo el país y un exquisito mobiliario, con un acertado mix de materiales como madera y cemento, entre otros.

Este restaurante de Recoleta ofrece un brunch sustancioso y con la impronta del chef Gonzalo Aramburu: una copa de vino espumoso y un plato de quesos y frutas de estación. Luego, siguen las raciones (dos a elección); algunos ejemplos son: cortes de ternera a la leña (impecable el punto y la terneza del bife de chorizo) con papas rotas; alioli al pimentón de Cachi y huevo; tartare de remolachas con mostaza antigua y crema ácida de lima; o los infaltables huevos revueltos a la trufa con pan pita a la leña y chutney de tomate.
La ambientación es acogedora, con mucha madera, paredes blancas y ventanales. En primavera y verano se puede disfrutar de las mesas al aire libre.