uvimos de ocho a nueve camiones que ingresaron, cada uno llevaba 1100 cajas de bananas, y a ese ritmo venimos desde el mes de marzo expresó el intendente.
“Si vienen y recorren, ven nuestra zona de desinfección por protocolo COVID19, verán la cantidad de camiones en la playa, que amanecen en la localidad, y a la tardecita van con sus cargas llenas de nuestra fruta y otras hortalizas hacia mercados del Sur”.
Comentó, asimismo, que las actividades anexas a la producción bananera, como la fábrica de cajones, significan trabajo para la gente. Existen seis emprendimientos de este tipo en Naineck, empleando a 70 familias, y no dan abasto. “Los grupos de embaladores tampoco, hay veces que los camiones salen retrasados por la falta de mano de obra de preparación de cajones”, comentó.
Sobre la actividad en sí, señaló que es un consorcio productivo el que vende al Estado para el plan Nutrir, mientras que en la faz privada, la banana se comercializa a través de una figura de intermediario que es el que tiene conexión con los mercados. “Hacen el trato con los productores y organizan las cargas, se ponen de acuerdo con el precio de acuerdo a la demanda del mercado”, especificó.
“Mejoramos mucho pero somos críticos de lo que nos falta en infraestructura, nuestro productor hace calidad hasta la terminación de la fruta, pero el tratamiento post-cosecha es una cuestión pendiente. Algunos lo realizan bien, otros no, es la diferencia de competitividad que tenemos con las bananas paraguayas y ecuatorianas”, admitió el intendente.
Por último, aseguró que el municipio trabaja en este aspecto en coordinación con el Ministerio de la Producción, Cedeva y el Inta, de tal forma que el productor tenga su planta de empaque en su chacra.