El arsénico es una sustancia que está presente de manera natural en las áreas subterráneas de los grandes países de América, como Argentina, México, Brasil, Estados Unidos y Chile. En territorio nacional, las regiones más afectadas son Buenos Aires, San Luis, Entre Ríos, Córdoba y La Pampa, donde la exposición prolongada –por medio del consumo de agua y/o alimentos contaminados- puede provocar graves enfermedades -como cáncer- e infecciones cutáneas tanto en seres humanos como en animales.
La presencia de arsénico en el agua tiene tres posibles orígenes:
1) Contaminación natural del agua subterránea o geología de los suelos.
2) Contaminación con agroquímicos.
3) Contaminación por desechos industriales.
Una vez que es absorbido, el mineral pasa al torrente sanguíneo, donde es distribuido a través de los órganos en la piel, los pulmones, el hígado, el riñón, el sistema nervioso y el corazón.
El hígado posee la capacidad de transformar una buena cantidad de lo presente en materia orgánica que es menos perjudicial. Sin embargo, la mayor parte se elimina por medio de la orina en pocos días, aunque puede permanecer en el organismo por varios meses. Entre las vías de excreción, se destacan las heces, el sudor, la leche materna, la piel, los pelos y las uñas.
Según el Consejo Hídrico Federal (Cohife) de la Argentina, para consumo humano, la tolerancia al arsénico es de 0,05 miligramos por litro (mg/l). De todas maneras, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció un límite de 0,01 mg/l. Para animales, la flexibilidad es de 0,2 mg/l.
Por otra parte, el flúor es un componente esencial para mantener la solidez de los huesos y proteger el decaimiento de los dientes. En este sentido, se recomienda un consumo diario no mayor a 0,1 mg/l a través de alimentos o agua para mantener dichos sistemas saludables. No obstante, cuando se ingiere agua con exceso de flúor, se generan caries, osteoporosis y daños en los riñones, huesos, nervios y músculos. También interfiere en el metabolismo del calcio y el fósforo, modificando el desarrollo de los huesos, lo que conlleva a un menor peso al nacer.
La OMS estableció que tanto para consumo humano como animal, el límite máximo es de 1,5 mg/l. A su vez, el moteado de los dientes aparece en concentraciones de 2 a 5 mg/l, aunque con el desgaste dentario se producen dosis mayores. La intoxicación crónica aparece con consumos superiores a 15 mg/l; de todas formas, los riesgos arrancan con una ingesta de más de 6 mg/l.
Debido a que el flúor no atraviesa la placenta ni puede llegar a la leche y el calostro, los terneros pueden ser afectados únicamente cuando consumen agua con altos niveles de este mineral.
Un estudio realizado por el Centro de Estudios Transdisciplinarios del Agua de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA), acerca de los niveles de arsénico y flúor en el agua de bebida animal de establecimientos de producción lechera, determinó que el sudeste cordobés es una de las zonas de mayor afección de la Argentina.
Aquí, el 40% proviene de perforaciones de la capa freática (entre 3 y 15 metros de profundidad), en tanto que otro 44% llega de perforaciones semi surgentes (80 a 150 metros de profundidad). Del total de las muestras evaluadas, el 52,6% para arsénico y 84,2% para flúor, superaron los límites máximos recomendados para agua de bebida de bovinos. El 5,6% de lo observado no resultó apto en relación a la cantidad de estos materiales.
Los primeros síntomas de la exposición prolongada a altos niveles de arsénico inorgánico en agua y/o alimentos pueden verse en la piel: cambios de pigmentación, lesiones cutáneas, durezas y callosidades. En el peor escenario, podría conducir a cáncer de piel, vejiga y pulmón. Además, causan:
- Depresión y falta de apetito.
- Debilidad y dificultad para trasladarse.
Entre los síntomas causados por el exceso de flúor se distinguen lo siguiente:
- Los animales jóvenes suelen verse más afectados por los adultos debido a su menor tamaño, forma, color y caída de los dientes.
- Provocan falta de crecimiento y pérdida del estado corporal.
- Consecuencias en los huesos: Osteomalacia, Osteoporosis y riesgo de fracturas óseas.

- Sustituir aguas contaminadas por otras con bajos niveles de este elemento.
- Mezclar agua con bajos niveles de arsénico con agua de concentración elevada con el objetivo de conseguir mayor cantidad de agua con un nivel de concentración aceptable.
- Instalar sistemas de eliminación de arsénico como: oxidación, coagulación y precipitación, absorción, intercambio de iones y técnicas de membranas.
