La situación política y económica de América Latina atraviesa tiempos difíciles, sobre todo en materia de comercio exterior. El tablero de la economía mundial se está tambaleando, lo que ralentiza los flujos de comercio, mientras que los términos de intercambio de la región ya no son lo que supieron ser; incluso, las transacciones entre los países del área también se están debilitando.
El continente vive una contracción del comercio luego de algo más de dos años de expansión, y las perspectivas a corto plazo surgieren una profundización de la tendencia. Mientras el valor de las exportaciones de bienes creció 12,2% en 2017 y 8,8% el año pasado, en el primer semestre de 2019 se contrajo 1,3%.
El estancamiento de la economía mundial, no solo en los países más desarrollados, sino también en los emergentes, junto a la desaceleración de la economía china y las crecientes tensiones en el marco de la guerra comercial con Estados Unidos, impulsan una contracción nominal de las exportaciones por primera vez desde 2016. Estas son algunas de las conclusiones a las que arriba el Monitor de Comercio e Integración 2019 del Banco Interamericano de Desarrollo-INTAL.
En cuanto al comercio de servicios, la región dio algunos pasos interesantes, en especial México, Brasil y la Argentina. Sin embargo, “en América Latina solo el 5% de las exportaciones de servicios se orienta a sectores estratégicos, mientras que el grueso está en sectores desaprovechados”, indicó Paolo Giordano, economista principal de Sector de Integración y Comercio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Si bien el cambio de tendencia en el comercio de la región “fue esencialmente producto de la caída de los precios de algunos productos básicos, en el primer semestre de 2019 los flujos reales se estancaron, en línea con la tendencia a la desaceleración del comercio mundial y la retracción de los intercambios interregionales”, precisó. El único país que sostuvo sus niveles de comercio exterior fue México, mientras que el resto, en especial los países de América del Sur, se contrajeron.
De cara al futuro, el BID sostiene que frente a la evolución de la economía mundial, un ambiente político menos favorable a la apertura de los mercados y las demoras en los avances de la integración regional, “los gobiernos de América Latina y el Caribe encaran el desafío de renovar la estrategia de acompañamiento al sector privado en el proceso de internalización”, finalizó Giordano.