nvestigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) están llevando adelante diferentes trabajos con el fin de obtener madera apta para la fabricación de muebles desde el laboratorio. Tras el hallazgo de la carne cultivada por parte de la misma entidad años atrás, el objetivo es conseguir un recurso que permita mitigar el daño ambiental que actualmente provocan los sectores vinculados a la tala y la construcción.
El equipo encargado de realizar las experiencias detalla que la iniciativa consiste en cultivar un tejido vegetal similar a la madera a partir de células extraídas de hojas de plantas de zinnia, sin tierra ni luz solar. Según Luis Fernando Velásquez-García, científico del Microsystems Technology Laboratories del MIT, se trata de derivados con muchísimo potencial.
En la misma línea, Ashey Beckwith, estudiante de Ingeniería Mecánica, comparte su opinión y agrega que el material posee la capacidad de “sintonizarse” con células vegetales de cualquier manera posible. Además, aclara que puede utilizarse para producir bienes de buena eficiencia sin causar grandes daños en el ecosistema.
En este sentido, advierte que la industria es aún más perjudicial de lo que se conoce, ya que parte de lo que se obtiene en el proceso de producción de maderas suele ser desechado. La propuesta aspira a que sea rentable cultivar estructuras prácticas que permitan elaborar tablas rectangulares o mesas, reduciendo desperdicios para que tanto la tierra como los árboles se conserven en forma de bosques.
Esencialmente, la idea es muy similar a la de la carne cultivada: los investigadores producen tejidos aislados sin cultivar toda la planta, al igual que las muestras de carne que se obtienen de diferentes células sin la necesidad de criar animales. Sin embargo, estos compuestos vegetales son mucho más fáciles de desarrollar, de modo que los bienes resultantes pueden ser muy competitivos al momento de salir al mercado en forma de fibras de ropa o muebles.
Si bien el equipo asegura que “nadie está buscando comprar una mesa hecha de zinnia”, los avances marcarían un punto de partida a la hora de buscar nuevos métodos para producir biomateriales. En este contexto, ayudarían a acelerar el cambio hacia el uso de materiales más amigables con el medioambiente, en detrimento de derivados de petróleo como el plástico.