Concluyó la conferencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) contra el cambio climático en Madrid. La denominada “Cumbre del Clima” se dio por finalizada con la firma de un débil acuerdo entre casi 200 países asistentes. Para ajenos y propios, se trató de un contundente fracaso. Con un vago acuerdo, el Foro Mundial no cumplió con las expectativas desestimando los reclamos de científicos y grupos ambientalistas.
La Cumbre contra el Calentamiento Climático se desarrolló durante dos semanas en la capital española. Las conferencias estuvieron llenas de negociaciones y prórrogas, convirtiendo al evento en la cumbre más larga de la historia. Las extensas jornadas no permitieron reunir a los casi 200 países participantes y el resultado fue un comunicado ambivalente y con mínimos acuerdos respecto a la reducción de emisiones de gases contaminantes. Fragmentada y con la prevalencia de intereses económicos en juego, la comunidad internacional asistió a un contundente fracaso ante las demandas de expertos y de la sociedad civil. Un símbolo de esto lo dio la presidenta de la cumbre y ministra de Medio Ambiente de Chile, Carolina Schimidt: “Los acuerdos alcanzados no son suficientes para abordar con sentido de urgencia la crisis del cambio climático”, expresó.
Los cuestionamientos más contundentes provinieron de las ONG´s ambientalistas, que advirtieron cómo el texto final retrotrae la negociación climática a tiempos anteriores al Acuerdo de París.
Lo cierto es que las principales diferencias que continúan separando a muchos países e impidiendo un acuerdo superador al de 2015 se centran en la ambición climática de las grandes potencias como Estados Unidos, China, India y Rusia; principales emisores de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, fuertes opositores a la modificación de su desarrollo económico en pos de la preservación medioambiental. “Estos gobiernos presionaron en la Cumbre para que el texto final le diera mayor relevancia a revisar los aportes financieros de las naciones más desarrolladas para contribuir a mitigar los efectos del cambio climático. De esta manera, eluden el tema central que es cambiar la estructura de producción con el fin de reducir los efectos de los gases contaminantes en el planeta”, explicó Alden Meyer, especialista en política climática de la Unión de Científicos Preocupados.
Para el secretario general de la ONU Antonio Guterres, se trató de una importante oportunidad perdida. “La comunidad internacional ha perdido una oportunidad de demostrar una mayor ambición en materia de mitigación, adaptación y financiamiento para enfrentar la crisis climática”, sentenció. No obstante, el jefe de la ONU aseguró su determinación para lograr un mayor compromiso por parte de las potencias en la próxima conferencia prevista para noviembre de 2020 en Glasgow.
El acuerdo obtenido en Madrid no cumplió con las expectativas. El fracaso puso en evidencia la desconexión existente entre los Gobiernos y la comunidad científica respecto a la crisis climática y la urgente necesidad de actuar. Los negociadores de casi 200 países sólo acordaron un frágil comunicado.
- Se logró que 84 países (sobre 200) se comprometan a un recorte más duro de sus emisiones de gases de efecto invernadero durante 2020. Dentro de este compromiso se encuentran Alemania, Francia, España y Reino Unido.
- Se estableció un acuerdo sobre las directivas para que, por primera vez, se destinen recursos frente a las pérdidas y daños que sufren los países más vulnerables a los fenómenos climáticos extremos. A través de la creación de la “Red de Santiago”, se catalizará la asistencia técnica de las organizaciones y expertos a estos países más vulnerables.
- Las negociaciones del llamado “mercado de carbono” quedaron atascadas y se decidió tratarlas en Glasgow. Se trata de la modernización de las viejas tecnologías contaminantes: los países que más contaminan acceden a la compra de permisos para emitir más gases hasta que puedan adecuar sus economías al límite de cero contaminación. Este mecanismo se habilita a cambio de financiación y ayuda a los países más pobres en el reemplazo de tecnología antigua.