Economía Agraria / Administración Agraria
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Agricultura de precisión: una nueva oportunidad para el agro argentino

Ezequiel Cruz plantea que la adopción de nuevas tecnologías permitirá abrir caminos en pos de una actividad más eficiente y rentable

Agricultura de precisión: una nueva oportunidad para el agro argentino
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egún datos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el empleo de agricultura de precisión permite ahorrar hasta un 60% en insumos, alcanzando un 80% de efectividad extra respecto al control de malezas. En este escenario, el licenciado en administración agropecuaria y socio de Grupo Cencerro, Ezequiel Cruz, explica por qué la adopción de dicha tecnología es esencial en el desarrollo de la actividad agropecuaria argentina.

Haciendo un breve resumen histórico, Cruz describe que en 1930 los productores tuvieron que sortear el impacto de la caída de la Bolsa de Wall Street (Nueva York, Estados Unidos), en un contexto donde el precio de los granos descendió abruptamente. Si bien fueron años complicados, la recuperación llegó en 1933, cuando se recobraron los valores de la década del veinte. Entre 1936 y 1937, la Argentina registró nuevos récords, como consecuencia de la sequía que venía afectando Norteamérica.

Previo al arranque de la Segunda Guerra Mundial, el país ostentaba volúmenes de exportación similares a las grandes potencias. En este sentido, era actor principal en los mercados mundiales de maíz (64%), avena (41%), trigo (19%), cebada (12%) y centeno (10%).

Pese a que se llegó a exportar cerca del 33% de los granos del planeta, entre 1939 y 1945 la producción se estancó, mientras que las ventas hacia el exterior cayeron en un 70%. De la Segunda Guerra Mundial para acá, nunca se produjo una recuperación; de hecho, el panorama empeoró: en 1980 casi no se comercializaron cereales a Europa.

En palabras de diversos profesionales, una de las causas del decrecimiento fue la lenta adopción de tecnología aplicada a la industria. Se cree que la Revolución Verde llegó a la Argentina alrededor de quince años tarde, marcando el destino actual junto a las malas decisiones políticas.

No obstante, a partir de los ochenta se incrementó la demanda de uno de nuestros cultivos estrella: la soja. Frente a esta nueva oportunidad, muchos productores tomaron cartas en el asunto.

A través de esta revisión histórica, Cruz plantea que entre 1940 y 1950 el país perdió la chance de ser una de las góndolas más atractivas del supermercado del mundo. Ahora, en 2021, para salir adelante es necesario analizar cómo cambió la sociedad y, a partir de allí, forjar los roles que se quieren tener en el futuro. En función de esto, es preciso delinear estrategias de comunicación e interacción que permitan adquirir nuevos conocimientos para producir más y mejores alimentos.

Se estima que en un planeta hiperconectado y generador masivo de datos, quienes perfeccionen su habilidad a la hora de interpretarlos serán los líderes de los mercados y las industrias. En definitiva, es fundamental adaptarse a las nuevas tecnologías para conocer el rubro y alcanzar buenos resultados en el futuro.

¡El momento es ahora! De nada sirve reprocharse por el desembarco tardío de la Revolución Verde. Las oportunidades están y hay que aprovecharlas. Se llegó al 2021 tras dos guerras mundiales que destruyeron la producción y los mercados. La Argentina dejó de ser el granero del mundo no porque no quiso progresar, sino porque no pudo.

Lo importante es enfocarse en las chances actuales ya que, a diferencia de otros períodos, la demanda de alimentos crece día a día: para 2050 se cree que el mundo tendrá cerca de 9.700 millones de habitantes, lo que se traduce en un aumento del 20% en la población global. Si las necesidades son conectadas a los avances tecnológicos que generan datos y desafían la interpretación, no queda más que afirmar que estas herramientas pueden ser vitales para que el agro argentino tenga el potencial de producir más con menos.

Como la meta es tomar la mejor decisión al menor costo posible en el momento más oportuno, el sector debería enfocarse en saber procesar la inmensa cantidad de datos que hay a disposición, apoyándose en el uso de diferentes fuentes tecnológicas. No hay nada nuevo por inventar.

Una forma de observar la agricultura de precisión simplificándola, es reconociendo que no es más que una micro-computadora que examina millones de datos por segundo y permite tomar distintas decisiones. Definir las más indicadas contribuye a optimizar recursos y alcanzar altos niveles de eficiencia.

Si bien a simple vista todo esto parece sencillo, cambiar de paradigma es un desafío que no cualquiera está dispuesto a asumir. En la Argentina, es importante que existan instituciones sólidas que inspiren confianza para que las empresas privadas tengan la posibilidad de producir sin obstáculos. También es preciso que los agroempresarios se aggiornen en función de gestionar sus compañías de una manera más corporativa y rentable. Los productores tienen que convertirse en gerentes de sus propias empresas.

Por último, es necesario no descuidar el talento de los jóvenes, ya que además de que manejan mejor la tecnología, serán quienes se encarguen de la producción en el futuro. El trabajo de los experimentados es transmitir su conocimiento para que ellos puedan replicarlo en la práctica y sigan engrandeciendo el sector.

Cruz concluye manifestando que el mundo exige un salto cualitativo y cuantitativo en la producción de alimentos. Para ello, hay que estudiar las oportunidades e impulsar un cambio que nos permita salir de la pobreza y generar nuevos puestos de trabajo. La decisión está en cada uno.



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