Para el manejo nutricional de las legumbres es esencial conocer ciertas características y comportamientos frente a diferentes prácticas de manejo relacionadas a la nutrición.
De acuerdo con Gabriel Prieto, quien forma parte de la agencia de Extensión Rural del INTA Arroyo Seco, “los requerimientos de nitrógeno para producir una tonelada de grano de arveja, en promedio, son de 55 kg/ha, mientras que los de lenteja son algo menores, de alrededor de los 40 kg/ha. Ambas especies pertenecen a la familia de las leguminosas y, por lo tanto, tienen la capacidad de incorporar gran parte de las necesidades del nitrógeno (N) a través de los mecanismos de fijación biológica. La provisión de N se promueve mediante el tratamiento de las semillas con las bacterias (Rhizobium leguminosarum), que el mercado ofrece como inoculantes, y que son diferentes a los de soja, maní o alfalfa. Esta es la forma más económica, efectiva y amigable con el medio ambiente para la provisión de N”.
Por otro lado, el fósforo es un nutriente esencial para los procesos energéticos y los suelos de la región Pampeana, por dar un ejemplo, han sufrido un severo desbalance entre lo exportado con los granos y lo aportado con los fertilizantes, por lo que hoy es necesario un buen diagnóstico a fin de garantizar buena disponibilidad de fósforo. “Producir una tonelada de arveja requiere 4-5 kg/ha de P, y para la misma cantidad de lenteja es necesario entre 3,5 y 4 kilogramos por hectárea. En arveja se han citado umbrales de respuesta de alrededor en el rango de 13 a 14 ppm, debajo de los cuales la eficiencia de uso de P puede ser en promedio de 25-30 kg de grano por kilogramo de P agregado. En lenteja no se han estudiado umbrales de respuesta en la Argentina ni eficiencias de uso de nutrientes”, comentó Prieto.
Finalmente, en relación el uso de azufre, el especialista destacó: “La fertilización azufrada no ha producido respuestas ni en la producción de biomasa, ni en rendimiento en grano. Dos causas probables para explicar esto son el bajo requerimiento de azufre por parte de la arveja (2,5 kg de S por tonelada de grano), y por otro lado, el hecho de que la fertilización azufrada es una práctica habitual en los planteos productivos actuales, especialmente en soja, trigo y maíz, dejando efecto residual en el suelo”.
En conclusión, el análisis del suelo junto a la información del umbral de respuesta son herramientas claves para definir ambientes de alta probabilidad de respuesta y del retorno económico de la fertilización.