El presidente de la Asociación de Maíz y Sorgo Argentino (Maizar), Alberto Morelli, expuso sobre las oportunidades y desafíos de la cadena de maíz y el sorgo, la imagen pública del sector agropecuario y los proyectos que se están trabajando desde la asociación.
Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el maíz es el producto que está presente en el mayor número de provincias, desde Jujuy hasta Chubut: “Dado que el maíz es un producto federal, queremos seguir yendo hacia el sur, con nuevos convenios y formas de desarrollo; ya tenemos los proyectos”, destacó Morelli.
Debido a las distintas transformaciones, en cuanto al consumo de maíz el país está cerca de las 17.000.000 de toneladas de las casi 50.000.000 que se producen; el resto –la diferencia– se exporta a 120 mercados. El maíz es el producto con más mercados de Argentina y la apertura de otros nuevos mercados se presenta como otra de las oportunidades para el sector.
Respecto a los actores que integran la cadena de maíz y sorgo, el consumidor final es el actor más relevante ya que es el que tracciona toda esta cadena en la era del blockchain.
Como asociación, en la estructura de Maizar distintos actores se agrupan y trabajan desde diferentes eslabones: dentro de Ciencia y Tecnología está la Universidad de Buenos Aires, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Universidad Católica junto con otros institutos de investigación, mientras que en el área de insumos se encuentran todos los proveedores de semillas, fertilizantes y maquinaria agrícola que participan activamente de esta cadena.
En el eslabón de producción agropecuaria están las técnicas: la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea) , la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), Confederaciones Rurales, la Sociedad Rural, las 200 cooperativas que integran Maizar y productores en forma individual. En Comercio y Exportación, están todas las bolsas de cereales y de comercio del país, especialmente las de Rosario relacionadas con cereales y oleaginosas, como la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC) y un número importante de corredores en forma individual; en tanto que en el estabón de Industria están todas las transformaciones. “Cuando estamos hablando de maíz, hablamos de las transformaciones y posibilidades para seguir multiplicando el valor. El maíz es una gran economía regional y definitoria”, manifestó Morelli. El polo de producción del maíz en la Argentina abarca todo el territorio y como economía definitoria exige una interrelación de actores e instituciones: “En la mesa del MAIZAR están los representantes de cada una las industrias asociadas a estas transformaciones: carne aviar, cerdos, carne vacuna y lácteos, molienda seca de maíz (polenta), molienda húmeda, almidones, semilla híbrida y etanol de maíz”, subrayó.
Maizar también realiza un intenso trabajo en el desarrollo de bioplásticos y biocombustibles. Se formó la Comisión de Bioplásticos (Cobiomat) que acaba de autorizar el primer sello de bioplásticos de la Argentina y tiene cinco emprendimientos posibles de instalarse en el país. La transformación del maíz es sumamente importante para los productores, los transformadores y para los consumidores; en este sentido, Maizar tiene una responsabilidad importante en el desarrollo de biocombustibles ya que, a partir de la Ley de Biocombustibles, 1.500.000 de toneladas de maíz se transforman en etanol.
En cuanto a las oportunidades inmediatas de negocio que tiene esta cadena, el presidente de la asociación enumeró: “Que el consumo mundial supere a la producción, la disminución del stock de maíz en China y la caída en la producción de los Estados Unidos por el clima. Va a subir el precio y vamos a tener oportunidades de venta”. Maizar realiza un trabajo en conjunto con el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y las autoridades chinas para el acuerdo, fiscalización y certificación de calidad que facilite el ingreso a ese mercado. Otra de las oportunidades es la apertura a nuevos mercados como Japón que, con la compra de carne libre de aftosa, abrió una puerta muy importante para el desarrollo de maíz y la zona libre de aftosa de la Patagonia: “No es que no haya maíz, tenemos que hacer más maíz en la Patagonia”, dijo. Como también el desarrollo en Misiones para producir maíz de alta tecnología implica una gran oportunidad de transformación local y de exportación a Brasil. La firma del Tratado del Mercosur y la Unión Europea que, si bien no es inmediato, también se presenta como una oportunidad para generar nuevos negocios, inversiones y crecimiento.
Sobre los desafíos a los que se enfrenta la cadena de maíz, se encuentran: una Ley de Semillas que contemple los cambios tecnológicos en el sector, una Ley de Propiedad Intelectual que respete el derecho a los ostentores y proteja a la investigación y una Ley de Promoción de Fertilizantes: “Argentina año a año vende cereales y está exportando nutrientes que tenemos que recuperar”, sentenció el presidente de Maizar. Un seguro agrícola multi-riesgo también es necesario para evitar grandes pérdidas que descapitalizan a muchas empresas agropecuarias.
Estos desafíos se suman a los temas comunes que corren a lo largo de toda la cadena: logística, almacenaje, caminos rurales -en especial en la provincia de Buenos Aires-, presión tributaria, inflación y evasión impositiva, costos en mano de obra y fletes, aumentos en energía y altas tasas respecto al financiamiento que recibe el sector.
A nivel institucional, la Asociación Maíz y Sorgo Argentina es parte de las 90 instituciones que forman la Red BPA de Buenas Prácticas Agropecuarias: “Esto es importante, la imagen pública del sector agropecuario está muy desvirtuada por falsos preconceptos y creo que no hemos tenido una comunicación acorde con las necesidades. Tenemos por delante un trabajo comunicacional”, expresó.
Desde Maizar se establecieron convenios con la Secretaría de Agricultura y el Ministerio de Ciencia y Tecnología para desarrollar un plan para la detección de microtoxinas en el trabajo pre-cosecha y post-cosecha mientras que con la Universidad Nacional de Córdoba y el INTA trabajan en el proyecto Monitoreo de Evolución de Enfermedades en la provincia. Para la conservación de suelos, también trabajan en la intensificación de modelos productivos relacionados con la rotación y distribución de legumbres junto a la provincia de Buenos Aires y las cuatro cadenas: la Asociación Argentina de Girasol (Asagir), la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (Acsoja) y la Asociación Argentina de Trigo (Argentrigo).
Por último, la creación de Maizall Alianza significó la unión de cuatro instituciones y tres países: Abramhilo de Brasil, Asociación de Productores de los Estados Unidos, el Concejo de Granos de Estados Unidos y Maizar que representa el 48% de la producción mundial de maíz y el 75% del comercio global: “Esta alianza trabaja sobre seguridad alimentaria, barreras en el comercio, retraso en la introducción de nuevas tecnologías, comunicación y las aprobaciones mundiales para la comercialización. Una semilla es el inicio de todo y creemos que es el futuro de nuestro país”, finalizó.