El ex presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) y actual diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, José Ignacio De Mendiguren, demostró con números y datos fehacientes que para que la Argentina deje de ser el granero del mundo y pase a ser el supermercado, es necesario ejecutar políticas concretas y cambiar la mentalidad de varios de los productores del sector.
“Tengo un pensamiento desarrollista y me apasiona todo lo que puede desarrollar la Argentina. Me frustra que ante situaciones tan claras, concretas y obvias, caigamos siempre en los mismos conflictos. Cuando uno mira los números, lo que significa el agregado de valor para este sector y lo cuantifica, es muy difícil explicar por qué estamos donde estamos”, subrayó al presentarse.
Recapitulando información, De Mendiguren citó que en 2017 la Argentina exportó cerca de 13 millones de toneladas de trigo que, a 180 dólares cada una, implicaron ganancias de alrededor de 2.360 millones de dólares. Si en vez de venderlo sin procesar se hubieran comercializado productos como pastas secas, cuyo valor por tonelada es de 1.400 dólares, el beneficio hubiera sido de 18.500 millones de dólares, es decir ocho veces el valor del producto. Lo mismo sucedería con el conjunto maicero y otras industrias. “Cuando uno ve esto, la primera pregunta que surge es: ‘¿Por qué no podemos avanzar?’”, lamentó.
También ratificó que el 85% del trigo que se exporta es a granel, de modo que sería simple llevarlo a otras áreas. El problema está en que aún no se fijaron los objetivos macroeconómicos para lograr que la producción sea exitosa.
“Necesitamos que aparezca ese actor que ejecute proyectos estratégicos que transformen el trigo en proteína y la leche en leche en polvo o quesos. Todos estos sectores están permanentemente en crisis. Entonces, cuando uno mira la cadena, lo que nota es que es necesario coordinar y organizar”, manifestó.
Según De Mendiguren, cuando uno quiere vender algo, lo primero que debe hacer es generar interés en el potencial comprador. Si constantemente se le crean dudas, es imposible que la negociación llegue a buen puerto. Aquí hizo una mención especial para los economistas y estadistas argentinos, quienes en vez de discutir asuntos banales deberían tratar de buscar cómo agregarle valor a lo que tenemos y cómo inventar nuevos productos.
Para el representante del Frente Renovador, los acuerdos sociales no se limitan a discutir sobre paritarias ampliadas o ponerse a pelear posiciones que no llevan a ningún lado, sino que es algo mucho más complejo. “Un acuerdo social es aquel en el que uno se sienta detrás de un objetivo claro. Para mí, esa es la diferencia principal entre crecimiento y desarrollo. Un país no puede crecer y no desarrollarse”, expresó.
Si el crecimiento es espontáneo, es posible el desarrollo, que implica fijar objetivos y establecer estrategias para alcanzarlos. Lo importante es debatir hacia dónde se quiere llegar, para después fijar ritmos y prioridades. Como no se puede hacer todo a la vez, allí aparece la política propiamente dicha.
“Fui el primer ministro de Producción de la historia argentina allá por el 2002 y me tocó una época de explosión de la convertibilidad que realmente fue muy difícil. Estaba todo roto, circulaban 18 monedas diferentes, el club del trueque, los bancos estaban cerrados y habíamos decretado el peor default de la historia de la humanidad. Hubo cinco presidentes en diez días. Encima no teníamos antecedentes de una situación similar. Nos juntamos con un gabinete que fue armado de golpe y no teníamos muy en claro qué era lo que se debía hacer. Pero hubo un eje fundamental que marcaba todo: sabíamos que debíamos tomar medidas inmediatas para salir de la crisis”, comentó. En sintonía, alegó que en un país que no crece, el déficit fiscal es infinito.
De Mendiguren también contó que en una ocasión recibió al director del Banco Mundial, quien arribaba al país en el peor de los escenarios. Cuando lo vio, le comunicó que no era todo tan catastrófico como creía, ya que el campo se manejaba con la tecnología más moderna y la siembra directa estaba produciendo una cosecha récord. “El sector que puede producir, produce alimentos, algo que el mundo demanda. El hombre se sorprendió porque con ese escenario de país productor era casi imposible que hubiera 13 millones de hectáreas hipotecadas, cien mil productores quebrados y gente manifestándose en las calles. Ahí le dije: ‘No me traigas recetas raras, vamos a buscar un plan que movilice la producción’”, relató.
Como el país requería rentabilidad y estabilidad, el diputado opinó que las posibilidades para avanzar siempre estuvieron, pero fue necesario modificar las estrategias de acción.
“¿Qué fue lo que nos salió mal? Aplicamos una macroeconomía que no ayudó. Cuando se instala la bicicleta financiera como eje de la política económica y se abre de forma irrestricta el ingreso y egreso de capitales, todo es más difícil. Además, esto hace que se planche el tipo de cambio, que suba la tasa de interés y que en definitiva se ahogue la producción, porque importar termina siendo más barato que exportar”, sugirió.
En palabras de De Mendiguren, en un mundo que quiere a la Argentina como proveedora de materias primas y recursos naturales, la cuestión está en ver dónde se agrega valor. Los países desarrollados desean hacerlo ellos mismos, de modo que cuando ven un grano de maíz argentino, disponen de todo lo necesario para transformarlo en proteínas. Aun así, no cuentan con elementos sustanciales como la tierra y el agua para desarrollarlos.
“No puedo entender cómo alguien que dispone de aquello que nadie tiene se lo entrega a otro para que multiplique sus ganancias. No estoy en contra de la exportación de granos, pero quiero remarcar que en el mundo, los países productores de cacao solo participan en el 2% de la venta total del chocolate. La Argentina debe mejorar sus relaciones internacionales”, apuntó.
El diputado también recordó algunos de sus viajes a China, donde las autoridades de aquel país le dijeron que la Argentina figuraba en la agenda estratégica. “Tenemos que llegar a los distintos mercados con planteos que nos ayuden a alcanzar las góndolas. Debemos mejorar nuestros métodos de negociación y elegir correctamente quienes van a ser nuestros socios. Una vez que planteemos esto, hay que sentar a las autoridades correspondientes y empezar a pensar los proyectos necesarios”, exclamó.
En relación al acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), De Mendiguren subrayó que se deben leer las letras chicas. “Hoy la industria agroalimentaria genera el 12% del Producto Bruto Interno (PBI) y 700 mil empleos formales. Necesitamos potenciar el sector a partir de políticas que generen decisiones y definiciones. El problema de la Argentina es que le vende al mundo lo que vale poco y le compra lo que vale mucho”, exclamó.
Para concluir, ratificó que se debe mirar la situación desde un punto de vista nuevo, ya que “hasta en los períodos de crecimiento vemos todo como un velorio”. Además, agregó: “Ahí llegan las crisis y la falta de dólares y aparecen dos clubes: el club de los devaluadores, que dicen que esto se arregla devaluando, y el club de los endeudadores, que pide plata para cubrir el déficit. La plata no es buena ni mala, es como un cuchillo: sirve para matar o comer. Si ese préstamo que tomás lo usás para cambiar la matriz productiva, estás generando una inversión. Ahora, si los traés para financiar el agujero, estamos construyendo un nuevo default”, cerró.