Volver a ser una potencia exportadora: el gran desafío de la Argentina

La abrupta caída de las importaciones, la política nacional y el contexto internacional juegan un rol clave para que el país repunte en el ranking exportador, donde hoy ocupa el puesto 48º

Volver a ser una potencia exportadora: el gran desafío de la Argentina

La Argentina necesita dólares” es una premisa que comparten desde el presidente Alberto Fernández hasta los diversos sectores económicos. Las principales formas que tiene el país de hacer divisas son mediante el comercio exterior, el endeudamiento, o bien la inversión extranjera directa; y dado a la experiencia que nos dejó estos último cuatro años, las exportaciones son, después de todo, la mejor y más sana fuente dólares. El desafío es cómo potenciar los productos argentinos.

Tomando los registros de Balanza Comercial del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), la Argentina tuvo desde el año 2000 hasta 2014 superávit comercial. Hasta 2012 la diferencia entre exportaciones e importaciones era superior a los US$11.000 millones anuales a favor del país. Sin embargo, la caída de los precios de las commodities, especialmente la soja, redujeron ese beneficio y se volvió negativo en 2015.

En este 2019 la balanza se recuperó en términos de beneficio, pero la abrupta caída de la actividad económica y la megadevaluación, desplomaron las importaciones.

Según un trabajo de la consultora DNI, del especialista Marcelo Elizondo, Argentina “ha venido perdiendo participación en el comercio mundial de manera sostenida desde hace muchos años”. Allí se indica que “de generar 2,7% del total de las exportaciones mundiales en 1945, o aún un 0,8% de las exportaciones totales en el planeta en 1960, la Argentina ha caído de modo sistémico hasta generar solo el 0,3% del total mundial de exportaciones en los últimos años”. En la historia reciente, de la que se tiene registro en organismos internacionales, de ser el 25° exportador mundial en 1975 pasó a ser el 48° en el último año.

Es importante recordar que cuando Macri encaró la campaña que lo llevó a la presidencia en 2015, su discurso exportador apuntaba a “abrir a la Argentina” al comercio internacional y convertir al país en “el supermercado del mundo”, dejando atrás la visión histórica del “granero”. Eso, claro está, implicaba una industrialización de las materias primas, para vender productos finales con mayor valor agregado y, por ende, un precio más alto.

Lejos de que esto ocurra, las exportaciones se mantuvieron primarizadas. Ejemplo de esto es cómo se incrementaron las ventas al exterior de carne y limones, pero se perdió mercado en biodiésel y el sector automotriz, solo por mencionar algunos casos. El proceso estuvo lejos de ser exitoso. Para peor, el sector industrial quedó en un estado calamitoso, y el consumo interno muy deprimido por la pérdida de poder adquisitivo de la población.

La nueva gestión que encabeza Alberto Fernández, y que puso al frente de la misión de revertir esa ecuación clave para la economía al ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, llega con la impronta de recuperar el complejo exportador y traer los dólares que tanto se necesitan. Sin embargo, se tomó la decisión de elevar los derechos de exportación al agro, por lo que el escenario se va reconfigurando.

 

¿Qué hacer con el comercio exterior?

“La Argentina parece tener un problema de fondo, los resultados son malos desde hace años, y no se resuelve con un ajuste marginal”, sostiene Marcelo Elizondo, consultor economía y negocios internacionales, e identifica cinco prioridades. “Lo primero que hay que hacer es estabilizar la economía, no se puede exportar sin tener un cálculo económico en moneda estable. Estabilizar variables como el tipo de cambio, inflación, tasas de interés; variables que no se corrigen en base solo en bases políticas. El comercio internacional requiere de política de largo plazo”, agrega.

Asimismo, opina que “hay que atacar los problemas de competitividad, que son sistémicos. La Argentina tiene una economía bastante antigua en algunos sectores en términos de capacidad productiva, y para eso se requiere una tasa de inversión más alta, que corrija la calidad exportable”. Por otro lado, un tercer punto es mejorar todos los servicios para el complejo exportador, como infraestructura, puertos, y rutas.

Por último, Elizondo plantea dos aspectos que están ligados a la política internacional, y tienen que ver con mejorar la capacidad de inserción de las empresas argentinas en las cadenas internacionales de valor y con impulsar el acceso a los mercados. “Los productos argentinos pagan mucho arancel para entrar en la mayoría de los mercados del mundo. Estos acuerdos requieren no solamente confluencia comercial, requieren confluencia política”, resalta el consultor.

 

Conflicto internacional

En cuanto al conflicto entre EE.UU. y China hubo buenas noticias, hace poco, luego de que alcanzaron un acuerdo. A pesar de la incertidumbre, la conclusión de esa disputa haría crecer nuevamente la economía global. “Queda atrás la sombra de una posible recesión mundial 2020 o desaceleración, con el acuerdo comercial EE.UU-China. En nuestras estimaciones el crecimiento global se ubicará en el 3,7% anual casi 1 punto más que 2019”, señala el economista Martín Redrado, expresidente del Banco Central y exsecretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales.

Respecto al brexit –la salida del Reino Unido de la Unión Europea–, el impacto para la Argentina dependerá de la negociación a la que lleguen los países de la UE con Gran Bretaña. “La Argentina es una economía altamente complementaria con la del Reino Unido país donde los intereses agro industriales son relativamente débiles y por ende donde la oposición interna a un acuerdo con el Mercosur, no es tan poderosa como la que periódicamente continúa expresando Europa continental”, explica Julio Nogués, de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. Y agrega: “Por lo tanto, las ganancias para el Mercosur y Argentina de firmar un acuerdo con el Reino Unido provendrán no solo del aumento de las exportaciones agro industriales pero también, de las importaciones de este origen que incorporan tecnologías de frontera”. En cambio, si la potencia europea firma acuerdos bilaterales con otros países, el impacto del brexit para la Argentina podría ser negativo o, en el mejor de los casos, nulo.



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