seguran que las esporas están presentes en la mayoría de colmenas y esperan a una debilidad extrema de la colmena para desarrollarse.
Cuando las esporas son ingeridas por una abeja sana pasan al intestino grueso donde los jugos digestivos van atacando su envoltura. Al final de este paso, en la parte terminal del intestino grueso, el proceso de digestión rompe la corteza de la espora y libera al microorganismo que estaba dentro, enquistado, que se fija sobre el tejido interno del intestino y se reproduce, formando más esporas a base de alimentarse de este tejido al que va destruyendo.
Por este motivo, la abeja pierde tejido interno del intestino, lugar donde se lleva a cabo la digestión, y pierde vigor y capacidad de vuelo, permaneciendo en grupos en los alrededores de la piquera, con el abdomen hinchado por la acumulación de residuos cuya eliminación se hace cada vez más difícil. Finalmente la abeja acaba muriendo.
Especialistas contaron que se trata de agarrar la cabeza y con la uña se pinza el último anillo visible del abdomen (donde está el aguijón). “Torcemos 180º, estiramos y vemos cómo sale cloaca, intestino delgado y grueso. Al salir ‘todo de una pieza’ podemos concluir que está sana de Nosema”, aclaran.
Los especialistas indicaron que hay una serie de factores de riesgos como las temperaturas, ambientes húmedos, ausencia de floración o desequilibrio de la colonia que favorecen su desarrollo.
Pero lo más importante es la desinfección de los implementos y herramientas del apicultor, ya que éstos son capaces de transportar organismos infecciosos tales como bacterias, virus, hongos o parásitos desde un individuo a otro.
Como primera actuación debemos rehuir de las ubicaciones de riesgo e intentar reunificar las colonias débiles y protegerlas del frío. Por otra parte, trasladando a una nueva floración ayuda a mejorar la nutrición y produce un aumento en el comportamiento higiénico de la abeja.
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