a expansión de las compañías norteamericanas en China parece no tener freno. A pesar de los esfuerzos del gobierno asiático, las compañías estadounidenses se enfrentan a la promoción del nacionalismo como parte de un esfuerzo por consolidar el poder del gobierno comunista.
El nacionalismo en ascenso, sumado a la guerra comercial declarada por el presidente Donald Trump, no logra convertirse en una amenaza concreta para las marcas norteamericanas. Pese a estas complicaciones, la mayoría de las firmas estadounidenses siguen decididas a mantenerse en la China continental.
Según el último informe de la Cámara de Comercio Americana en Pekin, China aún se mantiene entre los tres principales destinos de inversión mundial para el 62% de sus miembros, comparado con el 56% en 2016. De acuerdo a los datos arrojados por la encuesta, el 87% de los miembros afirmaron que continuarán realizando inversiones en el país asiático.
La seducción de China continental reside en su constante crecimiento: las ventas minoristas en el país asiático aumentaron un 6% durante el 2019, mientas que los ingresos reales en ese país aumentaron un 120% durante la última década. “China es la mejor en la historia del mundo en materia de consumo”, afirma Andy Rothman de la firma de inversión Matthews Asia.
De esta manera, las multinacionales estadounidenses consiguieron la rentabilidad de sus operaciones en forma creciente. Entre éstas se encuentran: Budweiser, el grupo ABInBev, Procter & Gamble y Tesla.
Si bien las disputas políticas se encuentran en el centro de la escena, el desafío a largo plazo para las firmas estadounidenses es el ascenso real de las empresas chinas. Teniendo en cuenta a los fabricantes locales en la rama automotriz y de telecomunicaciones, la preocupación de los empresarios reside en la competencia local. “El incremento de su participación en el mercado local es real y es fundamentalmente producto de su destreza e innovación”, concluye el informe.