n los últimos años, se amplía cada vez más el espectro de la arquitectura sustentable. Debarro Arquitectura propone construcciones sanas con materiales ecológicos, humanizadas a nivel trabajo, eficientes en términos energéticos y óptimas a nivel de espacios. La iniciativa concluyó proyectos en la Cordillera de los Andes y sentó un precedente en términos de bioarquitectura en el país.
Este grupo de arquitectos aplican la construcción con tierra y ubicados en zonas frías; para ello, incorporan eco-tecnologías y adoptan al máximo estrategias de diseño pasivo. “La naturaleza se nos presenta como entorno, lugar y clima de implantación; como forma y materia, con materiales naturales, sanos y locales y con el ser humano a través de sistemas asociativos y cooperativos”, explica Marco Aresta, arquitecto y fundador de la iniciativa.
A nivel de entorno, los proyectos arquitectónicos deben contemplar su envolvente, con diseños bioclimáticos, comprometidos con el clima y el lugar de implantación, así como el análisis y la lectura cosmo-telúrica del espacio físico, promoviendo identidad, vitalidad y armonía.

En segundo lugar, una “forma” debe ser entendida a partir del estudio de morfologías orgánicas adaptadas al ser humano (sus proporciones, movimientos, etc.). Además, se deben usar modelos de geometría sensorial no sujetos como base para la cohesión estructural.

En tercer lugar, la “materia” de la construcción debe contemplar, mayoritariamente, el uso de materiales naturales, sanos y locales, como son la tierra, la paja, la caña o la madera, de manera que su impacto a nivel de ciclo de vida sea nulo.

Por último, la práctica del proyecto y de la construcción debe realizarse desde el ser humano para el ser humano, donde el profesional es un agente social que trata de ayudar a encontrar soluciones para las necesidades del espacio y del habitar humano.