Si sembramos con semilla, las dejamos en agua al menos una hora, para que se humedezcan y germinen más fácilmente.
Antes de sembrarlas, removemos el suelo, que preferentemente debería estar abonado con anterioridad.
Las sembramos a 1 o 2 cm de profundidad como máximo y si podemos las cubrimos con otra fina capa de abono orgánico.
A las dos semanas deberíamos tener los primeros brotes.
En cuanto al agua, debemos asegurarnos que el suelo siempre esté húmedo pero también como en todos los cultivos, que no se formen charcos ya que no dejará que las raíces oxigenen.
Pero no sólo podemos sembrarlas en el suelo sino también en macetas profundas, canastos o cualquier recipiente de al menos 40 cm de profundidad. Estos tienen que poseer una membrana en la parte inferior o agujeros que permitan drenar el agua. En cuanto a la tierra, lo mismo que en la mayoría de los casos, la mejor posible y abonada.
El tiempo a cosecha para todos los casos, luego de los primeros brotes es de 3 a 4 meses.
También podemos sembrar zanahorias enteras, es decir, compradas en una verdulería.
Lo más importante es que tengamos la parte superior de la zanahoria, la cual vamos a aprovechar. Cortamos la base de la zanahoria, la lavamos y la dejamos en un recipiente con un poco de agua por unos días hasta que comiencen a salir los primeros brotes.
Cuando el brote tenga un tamaño considerable la trasplantamos a la huerta o a algún recipiente profundo. A partir de acá, aplica todo lo explicado en siembra con semilla. Vale aclarar, que un resultado positivo depende por lo general de que la zanahoria sea fresca, es decir, que la “zanahoria madre” fuese cosechada hace poco tiempo.
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