sus 73 años, Rolland Schnell se sube al tractor para sembrar soja y maíz en su campo que queda cerca de Newton, un pueblo del estado de Iowa (Estados Unidos). Aunque viajó por todo el mundo, en ningún lugar se siente tan a gusto como en su granja. “Para mí es la única forma de vida. Me podría haber retirado hace años, pero me encanta lo que hago y lo sigo haciendo. Cuando voy a Washington me siento apretado; demasiada gente, demasiado cerca”, sostiene.
La familia de Schnell adquirió la granja, que tiene alrededor de 600 hectáreas, en 1856. Él estudió ingeniería agrónoma y trabajó para empresas de la talla de John Deere, compañía líder en maquinaria agrícola. También fue presidente de la Asociación de Sojeros de Iowa, cargo que lo llevó a viajar por el mundo. Sin embargo, no tiene dudas de que su pasar actual es el mejor de su vida.
Al igual que muchos otros farmers –según lo que el propio Schnell afirma–, votó por Donald Trump para la presidencia de Estados Unidos y lo volvería a hacer. Si bien admite que la guerra comercial con China los afectó, considera que la ofensiva lanzada por Trump fue “dolorosa pero necesaria”; por ese motivo, la apoya aunque le haya ocasionado pérdidas.
En ese contexto, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) creó un paquete de 16.000 millones de dólares para proteger a los farmers del conflicto con China. No obstante, Schnell advierte que no quiere ayudas. “A los granjeros no les gustan los subsidios. No nos gustan las limosnas del Gobierno. Queremos tener mercados libres y ser independientes”, recalca.
A pesar de que su negocio está golpeado en este momento, cree que la cantidad de camiones que pasan todos los días por la autopista que se vislumbra desde su casa es un buen parámetro de que la economía marcha sobre rieles. “Veo buenos números; el desempleo está bajo. Creo que la economía está mejor de lo que ha estado en mi vida. Empecé a trabajar en la granja en 1973 y hubo tiempos difíciles; tuvimos precios más altos, mejores ganancias hace unos años, pero esto tiene que ver con los inventarios y el uso de los granos en el mundo, no solo con la guerra comercial”, concluye.