esde comienzos de enero, todos los fines de semana el colectivo azul de la Secretaría de Salud del municipio se estaciona en la Rambla Catalunya. Y, entre las muchas propuestas para el cuidado de la salud y la prevención de enfermedades, los talleres para la preparación de repelentes caseros contra mosquitos atraen la atención de los bañistas. Sobre todo, a partir de la aparición del primer caso de dengue del año y la necesidad de extremar precauciones.
La utilización de plantas aromáticas para ahuyentar a los mosquitos es una tradición mucho más vieja que los repelentes. “Nosotros no proponemos que reemplacen unos por otros”, señala Laura Gorgiani, coordinadora de Promoción y Cuidado de la Salud Colectiva. Pero sí sabemos que frente a un posible brote de dengue tenemos que recurrir a todo lo que verdaderamente ayude a no ser picados por los mosquitos”.
El repelente casero es un preparado hecho en base a albahaca, que, en épocas de bolsillos flacos, “puede resultar mucho más accesible para algunas familias que un repelente industrial”, explica la médica. Además, puede ser usado por niños y adultos, deja un aroma agradable en la piel y no daña el medio ambiente.
Al frente de los talleres, donde los bañistas aprenden a hacer los aceites, están los profesionales del Programa de Medicinas Tradicionales y Naturales del municipio que se propone recuperar saberes tradicionales en relación al cuidado de la salud, echando mano a elementos por fuera de la industria farmacéutica.
Además de la fabricación de repelente, también se enseña a controlar la población de mosquitos sahumando los hogares, quemando plantas de albahaca, melisa, citronella, lavanda, romero, menta o cedrón paja, entre otras, ya sea secas o frescas, o colocando macetas con esas especies cerca de las ventanas o en los balcones de las casas.
“Son formas de repeler mosquitos mucho más cuidadosas del ambiente”, señala Gorgiani y destaca que “cuando fumigamos, matamos también otras especies, como variedades de mosquitos que compiten por el territorio o las arañas que se comen a los mosquitos”.
La Capital