l estado de Iowa es uno de los más rurales de EE.UU. Allí, Bob Flinch posee un campo de 800 hectáreas. Según él, es de tamaño medio para este estado, donde se produce mayormente soja, maíz y carne porcina.
Finch siente que la guerra comercial desatada en el último tiempo entre Estados Unidos y China lo ha afectado, pero igual va a votar a Donald Trump otra vez en las elecciones generales de noviembre. “Él es mejor que cualquier otra alternativa. Creo que va en buena dirección; tengo esperanza”, afirma.
Finch es uno más de los tantos granjeros de Iowa que apoyan a Trump. No es un dato menor que, en las elecciones de 2016, Trump obtuvo el 61% de los votos en las zonas rurales. En otros estados con gran población agrícola, como Wisconsin, también logró triunfos claves.
La guerra comercial con China golpeó fuertemente la economía de los granjeros. Los despachos agrícolas al gigante asiático, que habían alcanzado un récord de US$25.900 millones en 2012, disminuyeron a 9.100 millones en 2018. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), las exportaciones sufrieron aún más, cayendo a US$3.000 millones.
En este contexto de crisis, Trump dispuso unos US$8.600 millones en subsidios, de los cuales 987 millones de dólares fueron destinados a los agricultores de Iowa; solo Illinois recibió una suma mayor (US$1.100). Sin embargo, esta compensación no ha sido suficiente para recuperar lo perdido. “Muchos pagos van a agricultores que están relativamente estables, con granjas grandes y medianas, pero no a los pequeños propietarios, los que más han sido afectados”, sostiene Aaron Lehman, presidente de Iowa Farmers Union.