he International Ecotourism Society (TIES), la organización más importante en el área, define a este nuevo enfoque de las actividades turísticas como “el viaje responsable a las áreas naturales para conservar el medio ambiente y mejorar el bienestar de las personas locales”.
El auge del ecoturismo es tal que en los últimos años creció tres veces más rápido que el resto del sector turístico en su totalidad.
En la Declaración de Ciudad del Cabo de la Conferencia Internacional de Turismo Responsable en los destinos se establecieron siete principios vectores del ecoturismo: minimizar los impactos ambientales y sociales; aumentar la conciencia y el respeto por el ambiente y la cultura; ofrecer experiencias positivas tanto para los visitantes como para los anfitriones; brindar beneficios financieros directos para la conservación; proveer beneficios financieros y participación real para la población local; aumentar la sensibilidad de los turistas hacia el país anfitrión en su clima político, cultural y social.
Un destacado yacimiento arqueológico: las ruinas de San Ignacio Miní en Misiones. Teniendo en cuenta que el turismo es la segunda fuente de ingresos más importante, luego del petróleo, en los 40 países más pobres del mundo; se tornó indispensable regular la actividad de modo que se respeten los derechos humanos y se aliente el desarrollo de las sociedades involucradas.
Este enfoque busca mitigar los efectos negativos que son producidos generalmente por el turismo de masas, como por ejemplo que los beneficios económicos resultantes de la actividad no contribuyan a la conservación del ambiente y de la población del lugar, el impacto ambiental en los ecosistemas naturales, remuneraciones poco dignas para los trabajadores del área, o poca consideración en cuanto a las tradiciones culturales de los pueblos originarios.
El guanaco, miembro de la fauna de Puerto Madryn. La experiencia directa de los cambios climáticos, las advertencias de los movimientos ecologistas y el dramatismo exacerbado de muchos cineastas han generado una preocupación creciente en torno a cómo será el mundo después de mañana.
En base a esta preocupación se han desarrollado políticas atinentes al cuidado del medio ambiente en diversas esferas de la vida del hombre, y el ecoturismo es una de ellas.
La actividad turística debe ser sustentable, o sea debe lograr el equilibrio que le permita la satisfacción de las necesidades de la sociedad actual sin comprometer la posibilidad de las futuras generaciones de satisfacer las suyas.
La ciudad San Antonio de los Cobres en Salta. Dentro del ecoturismo surgió un movimiento que va más allá de no dejar marcas negativas en la comunidad receptora.
Un ecoviajero comprometido no sólo ayuda a la población de destino con su viaje y respeta los principios del ecoturismo en general, sino que también coopera en algún proyecto de desarrollo local o lleva a cabo una misión determinada.
Se trata de prestar asistencia económica o humana con los objetivos de proteger y revalorizar el entorno de los lugares evitando su degradación, contribuir al bienestar socioeconómico de las sociedades, favorecer el intercambio cultural cooperativo, preservar el acervo cultural de las comunidades, y distribuir los beneficios del turismo entre todos los individuos que se ven involucrados en la actividad.
Lo novedoso del movimiento es la participación directa y física que el viajero puede tener en los proyectos y misiones. La participación puede ser realizando tareas como la recolección de datos sobre necesidades y problemáticas de la región; la formación en diversas áreas o el trabajo en actividades agrícolas, construcciones, mecánica, etc.
Estas actividades no interfieren con el viaje en sí y le permiten al visitante conocer realmente el lugar y aprender sin intermediaciones sobre la cultura que lo alberga.
Lo primero que debe tomarse en cuenta a la hora de hacer un viaje responsable es no dejar marcas negativas en la cultura, la economía y el medioambiente del lugar visitado.
Generalmente se asocia a este tipo de viajes con determinadas características que no son más que mitos alejados de lo real. El ecoturismo no tiene por qué significar un sacrificio en cuanto a las comodidades, ni ser más costoso o difícil de llevar a cabo, ni estar enmarcado por un lugar exótico. Esta actividad puede desarrollarse en cualquier destino turístico con el nivel de confort habitual.
También existe una concepción prejuiciosa en relación con quién es apto para este tipo de viaje. Pero personas de diversos intereses, edades, niveles socioeconómicos, procedencias culturales y hasta grupos familiares con niños pueden ser ecoturistas.
Tal vez esta sea una forma más de que nuestra civilización se aleje de la profecía de la comunidad indígena Cree que dice: «sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río esté envenenado y el último pez sea pescado nos daremos cuenta que no podemos comer dinero-
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