espués de las fuertes protestas que comenzaron a principios de mes, organizadas por Juventud por el Clima a las afueras de BlackRock, en París, las paredes de la empresa financiera quedaron marcadas con frases como “el greenwashing mata”, “nuestro planeta, tu crimen” y “BlackRock, asesino”.
Tras apuntar durante años a las empresas petroleras, gasíferas y mineras, los activistas preocupados por el calentamiento global están concentrando su atención en el mundo de las finanzas. Esperan que la presión pública sobre los bancos, los gestores de activos y las aseguradoras los haga recapacitar sobre la inversión en algunas de las industrias más contaminantes.
“Si se consigue que los bancos cambien sus políticas climáticas, se llega a varios sectores a la vez”, dijo Wolfgang Kuhn de ShareAction, un grupo de campañas con sede en el Reino Unido.
Tal es el caso de JPMorgan Chase, que se convirtió en un banco particular. “Solo se puede empezar en la cima, y JPMorgan Chase es la institución que más financia a las industrias de los combustibles fósiles”, dijo Eli Kasargod-Staub, CEO de Majority Action, un grupo que defiende a accionistas con sede en Norteamérica.
La campaña pública contra JPMorgan Chase ha incluido un anuncio de página entera en Financial Times, un video en Youtube con Jane Fonda y una serie de protestas.
Sin embargo, los activistas no esperan que JPMorgan Chase abandone la inversión en combustibles fósiles de la noche a la mañana, sino que quieren que empiece a alinear al banco con las metas climáticas de París. En lo inmediato, están pidiendo que el banco deje de invertir en los combustibles fósiles más contaminantes.
Los inversores también presionan a la industria, proponiendo mociones vinculadas al clima durante las asambleas de accionistas de bancos y administradores de activos, incluyendo JPMorgan, Goldman Sachs, BlackRock, Bank of America y Barclays.
Desde que están bajo la lupa, el sector financiero se vio obligado a responder. En octubre, más de 50 instituciones financieras, que administraban US$2.900 millones en activos, informaron que darán a conocer las emisiones de carbono de sus préstamos e inversiones, mientras que 1.000 organizaciones se unieron al Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera Relacionada con el Clima, una iniciativa liderada por Mark Carney, presidente saliente del Banco de Inglaterra.
Algunas empresas, entre ellas BNP Paribas, ya dejaron de financiar a ciertas compañías que trabajan en las industrias que más contribuyen al cambio climático, como la minería de carbón y la extracción de petróleo de arenas bituminosas.
Según datos del Instituto de Recursos Mundiales, a los activistas todavía les falta mucho para convencer al sector financiero de que cambie sus hábitos. Un informe del año pasado reveló que los bancos internacionales financiaron combustibles fósiles por US$1,9 billones desde que se adoptó el Acuerdo Climático de París, y solo la mitad de los bancos del sector privado más grandes del mundo se fijó una meta de financiamientos sustentable.
Sin embargo, algunos participantes del sector advierten que la presión sobre los bancos y los administradores de activos para que dejen de invertir en ciertas industrias podría tener consecuencias negativas.
“Si uno quiere que los inversores desinviertan o que los bancos dejen de financiar a las empresas de combustibles fósiles, se podría terminar transfiriendo la propiedad a personas privadas o a gente a la no les importa el calentamiento global”, dijo Simon Gergel, director de inversiones en acciones británicas en Allianz Global Investors. “Si se obliga a la industria de combustibles fósiles a alejarse del ojo público, podría conducir a peores prácticas”, concluyó.