a Presidencia de la COP puso el foco en dos aspectos principalmente; a) la ambición de las NDC para lograr los objetivos de temperatura y b) finalizar el Libro de Reglas de Paris en su Artículo 6, que potencialmente puede facilitar el mercado global de carbono y otras formas de cooperación internacional. Dado que no hubo decisiones o avances suficientes en ambos puntos, la COP25 no pudo responder a las expectativas, desatando una reacción generalizada de fracaso y frustración.
Si bien esta COP se anunciaba como la COP de la ambición y de la acción, los actores más directamente involucrados en las negociaciones y más entendidos de las profundas implicancias de cada decisión la anticipaban como la COP de la transición. Y evidentemente es lo que fue. Casi todos los aspectos de la negociación han sido diferidos al menos 6 meses, cuando en Bonn se realice un nuevo encuentro que conducirá luego a la COP26 en Glasgow.
La presión social -sin precedentes en esta COP- y los medios de comunicación pusieron el foco en la falta de una decisión oficial sobre el aumento de la ambición. Pero mucha menos atención se llevó el trabajo más técnico y complejo realizado para establecer reglas sólidas para lograr la ambición que las partes ya han acordado.
En la misma línea, ciertamente es lamentable que los negociadores no hayan aprovechado la oportunidad para definir una guía clara y consistente para contabilizar las transferencias de emisiones en virtud del Artículo 6.2. Pero en palabras de Teresa Ribera, Ministra para la Transición Ecológica de España, «es mejor no tener un acuerdo que tener un mal acuerdo» en lo que refiere a mercados de carbono y el Artículo 6.
El Artículo 6 no sólo busca reducir los costos de la mitigación, sino que su espíritu es incrementar la ambición y promover la transformación y la innovación en la escala necesaria en todos los países, desarrollados y en desarrollo. Mediante mecanismos cooperativos, los países podrían incrementar aún más la ambición de sus acciones individuales. Pero, para este fin, estos mercados dependen de un buen diseño: que evite el doble conteo; que se rija por principios de integridad y valore los co-beneficios de la inversión climática que la gente necesita y valora (como calidad del aire, salud y demás objetivos de desarrollo). Un mal acuerdo no evitaría la doble contabilidad en los complejos sistemas de mercado, debilitaría la transparencia y socavaría la integridad del acuerdo.
El Artículo 6 no crea mercados, sino que reconoce las condiciones y principios, y queda en los países implementar los mercados y fomentar su integridad.
La falta de ambición de los gobiernos en la COP25 contrastó marcadamente con la determinación mostrada por empresas, ciudades y regiones para acelerar la acción climática.
El mensaje de las empresas en la COP25 fue fuerte y claro: los gobiernos deben alinearse detrás de la ciencia y establecer urgentemente una hoja de ruta ambiciosa para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.
La comunidad empresarial se mostró definitivamente comprometida con la meta #netzero. Empresas líderes en todo el mundo están asumiendo compromisos climáticos ambiciosos alineados con limitar la temperatura en 1.5°C y con la ambición de lograr una economía global #Net-Zero.
Las empresas manifestaron que los gobiernos están frenando la acción privada, y que necesitan escuchar más al sector corporativo.
Por ello es una gran noticia que la COP25 haya decidido dar continuidad a la agenda de la Marrakech Partnership for Global Climate Action, que vincula el proceso de la Convención con la acción climática global por parte de actores que no estatales.
Aunque lejos de las expectativas generadas, los gobiernos en la COP25 renovaron su determinación de incrementar la acción en 2020 y alcanzar cero emisiones netas en 2050.
Las empresas e inversores nucleados en el WBCSD, ICC y WEF están ya alienados detrás de la meta “cero emisiones netas al 2050”.
Durante la COP25, 786 empresas, 16 inversionistas y 2.100 cámaras de comercio nucleadas en la Coalición Climática de Cámaras – que representa a más de 10 millones de líderes empresariales locales-, también se sumaron a la Alianza de Ambición Climática lanzada por la Presidencia de la COP25, comprometiéndose así a lograr cero emisiones netas a más tardar en 2050. Incluso el movimiento B-Corporations (B-corps) comunicó en la COP25 el compromiso de más de 500 B-corps para lograr cero emisiones netas para 2030.
Asimismo, 84 países, 14 regiones y 398 ciudades adhirieron a la Climate Ambition Alliance para acelerar la acción en 2020 y lograr emisiones netas cero en 2050.
Como un importante signo de liderazgo, el Consejo Europeo acordó que la UE será carbono neutral en 2050, a través del Acuerdo Verde Europeo.
A pesar de la falta de decisión sobre el Artículo 6, muchos gobiernos lograron comprometerse a enfoques cooperativos a través de alianzas propias que adhieren a los principios clave del Acuerdo de París.
Reducir las emisiones un 50% en 10 años, y otro 50% en 2040, y otro 50% en 2050. Esa es la magnitud del desafío.
70% de emisiones globales son tecnológicamente factibles y viables. Queda un 30% que resultan más difíciles de reducir. Por ello todos los pathways a cero emisiones demandan R&D, mientras se difunden las tecnologías existentes.
La economía circular es indispensable para no sobrepasar el presupuesto carbono y fallar en los objetivos del Acuerdo de París. Aun cuando se produzcan todos los materiales con la mayor eficiencia energética y en base a renovables, si no es circular el uso de materiales sobrepasará las emisiones.
Las soluciones basadas en la naturaleza son parte central de la solución y la ambición climática, y deben tener mejor representación en las negociaciones y sobre todo en las estrategias de mitigación de las empresas.
El norte es claro. Pero falta un plan para la transformación en todos los sistemas. Necesitamos hojas de ruta para cada sector, que sirvan para cada país en particular pero que también se integren a nivel regional y global (porque Argentina debe ser parte del pathway regional, y cada región debe ser parte del pathway global)
Ningún país puede hacer la transformación necesaria solo. Ninguno tiene toda la tecnología, soluciones y capacidades juntas. Por eso este plan es complejo e implica considerar soluciones propias, soluciones en cooperación con otros, y prospectivas de nuevas tecnologías a nivel global.
A nivel de empresas, se debe tener una estrategia de cero emisiones al 2050, estableciendo metas basadas en ciencia. Es clave comunicar el proceso a todos los grupos de interés.
Los mercados necesitan información completa sobre los riesgos y oportunidades climáticas, y señales claras y políticas de precios que orienten los flujos financieros hacia la innovación y las tecnologías destinadas a lograr una economía cero neta.
Las empresas deben gestionar y reportar sus riesgos climáticos, incluir los riesgos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en reportes financieros y trabajar con el sector financiero para dar señales a los mercados. El sector financiero y las empresas, juntos, tienen el potencial de acelerar la transición.
La transición justa no es solo necesaria, sino posible. Los gobiernos deben apoyar mucho más una transición consistente con mejorar la vida de las personas, que incluye una transición justa para las personas cuyos trabajos y medios de vida se ven afectados.
Esto sólo puede lograrse a través del diálogo social con empresas, trabajadores y comunidades. Y en términos prácticos, integrando las medidas descritas en la Declaración de Silesia de Solidaridad y Transición Justa, en la NDC y los planes nacionales de acción climática.
CEADS