El USDA (Departamento de Agricultura de Estados Unidos) aprobó una partida de 700 millones de dólares para acudir en auxilio de la industria de biocombustibles, con el propósito de ayudar a que se recuperen de la crisis en que las sumió la pandemia del COVID-19.
Una ayuda con idéntica orientación se aprobó para los productores de leche.
Se torna imposible no comparar esa política con la dirección que ha tomado el gobierno de Fernández en la Argentina que, en medio de la pandemia y el vencimiento del régimen de estímulos que establecía la Ley de Biocombustibles, se embarcó en un nuevo marco regulatorio que -se ha advertido- consagra un retroceso en el camino recorrido en 15 años y provocará el cierre de fábricas etanoleras y de biodiesel.
El sector de los biocombustibles sufrió un fuerte impacto a raíz de la caída de la demanda de combustibles en general y de los biocombustibles como el etanol, en particular.
El Secretario de Agricultura de la administración Baiden, Tom Vilsack, declaró a través de un comunicado que con el anuncio se cumple con un compromiso de brindar asistencia financiera a las industrias y empresas agrícolas críticas, “que quedaron fuera o desatendidas por la ayuda anterior”, que se otorgó en EE.UU.
El auxilio se resuelve, además, en un momento en que las fábricas etanoleras están enfrentando un aumento de costos por la suba de los precios del maíz.
La Asociación de Combustibles Renovables ponderó el operativo de salvataje que “llega en un momento crítico” y “muchas plantas permanecen fuera de línea o están operando a tasas de producción reducidas".
El auxilio a los biocombustibles es parte de un programa mayor que también comprende a los productores de leche y a los madereros.
Agroverdad