l coronavirus no deja de ser noticia y la realidad es que sacude los mercados globales. Ante este escenario, la industria petrolera se enfrenta a una incómoda verdad: es probable que la crisis empeore.
FGE, una consultora especializada en el sector energético, pronostica que el crecimiento de la demanda mundial de petróleo será básicamente nulo en 2020. La proyección, aunque más pesimista que otras, tiene en cuenta que el brote de Covid-19 ya ha afectado a unas cuantas naciones más, además de China –incluyendo a la Argentina, según el caso reportado ayer en Capital por las autoridades sanitarias–.
El número significativo de casos en Irán, Corea del Sur e Italia eleva las probabilidades de que el virus se siga propagando, lo que lleva a los países a aislar las zonas afectadas y limitar los viajes. Esas medidas disminuyen la demanda de petróleo.
La industria petrolera tiene buenas razones para estar preocupada. En el momento más álgido de las cuarentenas en China, la demanda de crudo en el país se redujo por lo menos un 25%. Eso fue suficiente para que los precios del petróleo cayeran en picada, dejándolos más de 20% por debajo de sus niveles máximos de principios de enero, en torno a los US$50 el barril.
Pocos esperan que los países occidentales apliquen las mismas medidas draconianas observadas en China, con ciudades enteras bloqueadas. Los efectos para la gente en general y para la economía podrían ser demasiado severos.
Pero incluso si se extrapolara solo un tercio del impacto en la demanda observado en China al consumo de petróleo norteamericano, implicaría una pérdida a corto plazo de casi dos millones de barriles diarios, o alrededor del 2% del consumo mundial. Para Europa, no es difícil imaginar una caída de la demanda de otros 1,5 millones de barriles diarios si el coronavirus se convierte en una verdadera pandemia mundial; esto, incluso, antes contemplar los efectos colaterales para la economía en general, que contraerían aún más la demanda de combustible.
Por lo tanto, si se espera que la epidemia de coronavirus siga extendiéndose, el pronóstico de FGE para el crecimiento de la demanda casi nulo a nivel mundial empieza a parecer un poco conservador, aunque el consumo se recupere en la segunda mitad del año.
El pronóstico definitivamente suena más acertado que el de otros que dicen que el coronavirus bajará la demanda en unos pocos cientos de miles de barriles diarios. Algunos hicieron solo modestos ajustes a las predicciones de principio de año, que preveían que el consumo de petróleo se ampliaría en más de un millón de barriles diarios en 2020.
Los precios del petróleo empezaron a caer de nuevo, aunque la propia demanda de China parece estar estabilizándose lentamente o, al menos, no empeorando mucho. La mejor apuesta de la OPEP quizás sea esperar y rezar para que las peores predicciones de la propagación de la pandemia no se materialicen.