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Martín de Gyldenfeldt: “La industria es el eslabón más fuerte de la cadena de la carne porcina argentina”

El gerente de la Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Afines dialogó con Agroempresario.com sobre la situación del sector y las expectativas de la entidad para el 2022

Por Agroempresario.com

En el marco de una entrevista exclusiva con Agroempresario.com, el gerente de la Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Afines (CAICHA), Martín Federich de Gyldenfeldt, compartió su visión sobre la actualidad de la cadena porcina: “El sector está saliendo de una crisis importante. Durante el 2020, la industria sufrió la crisis en su máxima expresión debido a las medidas adoptadas por la pandemia, donde muchos clientes vieron cerradas sus puertas y la industria no podía abastecerse. Durante el 2021, se vió una pequeña recuperación del sector con una suba del 9% con respecto al 2020. En el 2022 pensábamos que iba a seguir el incremento pero vemos que se está deteniendo”, expresó. 

 

“Evidentemente, el poder adquisitivo del consumidor se ve reflejado con su caída frente al ofrecimiento de nuestros productos, que dicho sea de paso no son una necesidad sino una delicatessen. Al no ser productos esenciales de la canasta básica, están padeciendo la inexistencia del consumidor en la góndola”, enfatizó.

En cuanto a las materias primas y los insumos necesarios para elaborar, el gerente de CAICHA fue claro: “Estamos teniendo problemas porque lo que es nacional no alcanza. Hay más de 20 insumos necesarios para la elaboración que hay que importarlos sí o sí y los importadores, que son empresas proveedoras de la industria, están teniendo muchos problemas. Todo tiene que ver con la famosa divisa. Con la materia prima de carne de cerdo está ocurriendo lo mismo, la industria frigorífica históricamente se abastece de cortes específicos como pulpa de jamón, pulpa de paleta, tocino y en menor medida otros de otros cortes. La necesidad de importar viene de siempre, hasta que no haya un stock de cerdos importante en el país va a continuar”, explicó.

En la misma línea, De Gyldenfeldt se refirió a la comunicación A7466 del Banco Central, una disposición que puso techo a la importación: “Después tenemos la CIMIS que salen categorizadas como B por lo cual no puede haber una compra y pago de mercaderías de forma rápida como se venía haciendo. También tenemos un coeficiente de ineficiencia financiera de la AFIP donde hay que demostrar de dónde proviene el dinero para las importaciones. Encontramos muchas trabas pero la realidad es que no hay dólares y esto lo pagamos los que necesitamos importar. El dólar que se va es para incrementar la riqueza del país, producir, dar más trabajo e incluso exportar más”, manifestó.

En este marco, la CAICHA se encuentra trabajando con las autoridades para que “haya excepciones porque sin carne y sin insumos la industria no puede trabajar”. 

 

Comercialización y desafíos 

Según lo especificó De Gyldenfeld, las condiciones coyunturales requieren de un buen manejo de la “maquinaria importación-exportación”, siendo la única forma de insertarse en el mercado internacional: “No digo que no haya carne de cerdo de calidad, sí que la hay y de buenísima calidad pero hay momentos en que no alcanza y hay que reforzarse con Brasil. El sector productor primario -que históricamente tuvo como único cliente a la industria de chacinados- hoy tiene tres clientes: la industria de chacinados, el mercado de carne fresca y la exportación”, precisó. 

 

“Es importante un intercambio, tenemos que exportar e importar. Lo importante es qué hacemos con todo eso, tanto los productores como los elaboradores industriales. Si sabemos manejar la maquinaria impo-expo vamos a producir más e introducirnos al mercado internacional que es lo que le falta al mercado de cerdo argentino. Exportemos más, consumamos todo lo que queramos pero déjenos traer de afuera lo que le está faltando a la industria, el eslabón más fuerte de la cadena de la carne porcina argentina. Estamos produciendo U$S2500 millones anuales, un monto importante en producción de productos elaborados, dando trabajo y nutriendo a las familias argentinas”, indicó. 

 

“Es muy difícil exportar productos con tanto agregado de valor como lo es el jamón o lo que fuere. El productor ahora se está fijando en el mercado y mucho de eso se está llevando a faenar, cortar y repartir de manera directa a carnicerías y a la industria. Para reemplazar la pulpa de jamón importada en el 2021 hubiese necesitado faenar 1.300.000 de cerdos más. En la producción nacional se faenaron 7 millones, hubiéramos necesitado faenar 8,3 millones. Estamos acostumbrados a calcular el peso de la media res y ahí compararnos, pero hablando de pulpa de  jamón la industria necesita cortes específicos, no traer la media res. Ahí está la clave”, detalló. 

 

Obstáculos 

Además del problema del dólar, De Gyldenfeldt hizo hincapié en las Leyes de Envases y Etiquetado Frontal, cuestiones que siente como un ataque a la industria: “Como bien mencioné, tenemos envases importados con las tripas que vienen del exterior, después hay que rotularlas. El consumidor que consume salamín sabe que tiene sodio, y por eso va a dejar de consumirlo? Noto que hay una falta de conocimiento en cada punto que se trata y lo único que repercute es en el productor que es el que está trabajando bien”, advirtió.

Sobre la sustentabilidad del sector, el representante de la entidad dio su parecer: “Nosotros tomamos en cuenta todas las cuestiones medioambientales para hacer una producción sustentable. Cuando producimos la industria puede contaminar o no, y ya bastante la industria tuvo que invertir para lograr ser sustentable, lo que significa mantenerse en el tiempo respetando el medio ambiente y así lo hace la mayoría de la industria de chacinados por derecha”, sentenció. 

 

Un camino posible  

Para mejorar el sector, De Gyldenfeldt aseguró que es necesario sacar exigencias desde el lado impositivo. “En principio, más que políticas necesitamos sacarnos exigencias desde el lado impositivo, lidiar con impuestos como el IIBB o las tasas municipales es abrumador en tiempo y dinero y todo eso se traslada al producto y lo eleva. Eso es lo que hay que entender, por esto necesitamos que nos saquen las manos de encima”, alertó. 

En el mismo sentido, el gerente de la CAICHA puso énfasis en la flexibilización de la Comunicación A746 para toda la importación y elaboración: “Estamos elaborando, generando trabajo, riqueza y alimentando a la gente. Hay que flexibilizar esta Comunicación, lo mismo que las SIMIS. Es lamentable pero es así”, dijo.  

Respecto a las expectativas para el 2022, De Gyldenfeldt es cauteloso: “Con respecto a la producción, el incremento del 2021 se frenó. Vamos a ver si a partir del segundo semestre y con los aguinaldos mejora, a la gente no le sobra el dinero y sabemos que es un producto que no forma parte de la canasta básica. En ese sentido creo que mientras no mejore el poder adquisitivo del consumidor, no vamos a tener una recuperación. Por otro lado, estamos con grandes costos, cerrando paritarias que el año pasado fueron del 52%. No se puede trabajar con una inflación del 50% anual, un tipo que produce necesita previsibilidad, no sólo por estas cuestiones económicas sino por la existencia de materia prima. Cómo voy a invertir a 180 días si no sé si voy a vender...todo pasa por ahí. Si hubiese créditos para capital de trabajo sería ideal pero con esta inflación es difícil”, concluyó.  



 

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