Bodegas apuestan por la tecnología para defenderse del cambio climático y la falta de mano de obra

Robots que monitorean cultivos, perros entrenados que detectan enfermedades de hojas, inteligencia artificial para la gestión de agua, son sólo algunas de las innovaciones en la producción de vinos

Bodegas apuestan por la tecnología para defenderse del cambio climático y la falta de mano de obra
martes 17 de marzo de 2020
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os enólogos tradicionalmente se han enorgullecido de sus habilidades artesanales. Pero en la era del Big Data y la digitalización, las startup día a día ofrecen soluciones que cada vez más cuesta recharar.

Según Dealroom, una firma de análisis y datos enfocada en startups tecnológicas,a financiación total de capital de riesgo en tecnología del vino ha sido de casi de U$S 1 mil millones desde 2000. Aunque a priori parezca una cifra abultada, representa apenas una pequeña fracción del financiamiento invertida en tencologías de alimentos agricultura, que solo en 2019 recibió más de U$S 20 mil millones.

Pero a medida que los efectos del cambio climático, las exigencias mayores en las condiciones laborales y el estancamiento de la demanda, algunos enólogos se están animando a introducirse en el mundo de la era digital y la robótica.

En Adelaida, Australia, Oli Madgett acaba de crear Platfarm, una aplicación de teléfono móvil a la que describe como un «Google Maps para la agricultura». Oli hizo uso de sus conocimientos digitales adquiridos en su antiguo trabajo para crear una herramienta visual que le permitiera mapear las áreas más problemáticas de su viñedo.

Platfarm permite a los agricultores integrar fácilmente mapas de suelo y datos de sensores en diagramas completos que los ayudan a identificar áreas en el viñedo que necesitan trabajo, reduciendo así los costos y mejorando la calidad de la uva. «Tenemos todas estas imágenes [de satélites] pero no hemos tenido nada para convertir estos datos en acciones prácticas», dijo.

La creciente escasez de mano de obra, resultado del endurecimiento de las restricciones globales sobre las horas de trabajo y los controles de inmigración más estrictos, ha dado lugar a una solución novedosa entre los enólogos: los robots.

Symington Family Estates, una bodega en el valle del Duero, Portugal, un robot autónomo alimentado con energía solar llamado VineScout es utilizado recorrer las hileras de vides, registrando métricas clave como la temperatura de la hoja y la disponibilidad de agua.

«Para monitorear nuestros cultivos necesitamos mucha mano de obra», cuenta Fernando Alves, gerente de viticultura de I + D en Symington, y agregó que espera que el robot eventualmente reemplace el trabajo manual de toma muestra de uvas al amanecer.

Alves, también está está trabajando con investigadores alemanes en la adaptación de una máquina cosechadora que puede recoger uvas, incluso en colinas empinadas.

Mientras tanto, el barón Philippe de Rothschild, propietario del eminente Château Mouton-Rothschild en Francia, trabajó con investigadores de Naio Technologies para desarrollar Ted, un robot que puede desmalezar y pulverizar los viñedos. El dispositivo en forma de arco, que se extiende sobre las vides, recorre sus hileras, es utilizado actualmente por el brazo de vinos y licores de LVMH, Moët Hennessy.

El vinicultura es una de las actividad que más está sufriendo los embastes del cambio climático, ya sea afectando los rendimientos de las cosechas, como la calidad de la uva. Una de sus manifestaciones es la falta de agua en algunas zonas.

Chris Storm, director de viticultura en Vino Farms, California, decidió abordar el problema del riego utilizando sensores innovadores de Tule Technology, que miden la cantidad de vapor de agua que sale de las vides. Luego, utilizando inteligencia artificial, una software analiza los datos y recomienda a los productores las mejores estrategias de gestión del agua.

El cambio climático también exacerbará el problema de la enfermedad fúngica, que prospera en temperaturas extremas y da como resultado una dependencia excesiva de los fungicidas.

Sigfredo Fuentes, profesor asociado de agricultura digital, alimentos y vino de la Universidad de Melbourne, desarrolló una solución novedosa al problema: una aplicación digital vinculada a un GPS que está conectado a perros entrenados para detectar enfermedades de hongos. Cuando se identifica una planta afectada, el perro sabe y se sienta o se agacha para indicar su presencia. «Si usas un chihuahua, tomará una eternidad», dijo el profesor Fuentes, señalando que si bien la mayoría de los perros pueden ser entrenados para detectar enfermedades, las razas más grandes probablemente sean más eficientes.

Del otro lado del mundo, en Estados Unidos, David Gadoury, profesor de patología vegetal y biología de microbios en la Universidad de Cornell, está refinando el uso de la luz ultravioleta para matar hongos. Su equipo trabajará con la startup noruega Saga Robotics, que también está probando la tecnología en viñedos italianos.

Los esfuerzos tecnológicos de los enólogos se da un coyuntura de un mercado cada vez más complicado para el vino. Los consumidores más jóvenes se inclinan por la cerveza y los licores. Según IWSR, el consumo en EEUU., el mayor consumidor de vinos del mundo, registró en 2019 la primera caída en 25 años. Según los analistas, se debió a los «hábitos generacionales cambiantes».

“En este momento hay un exceso de oferta y el consumo se ha reducido en diferentes mercados. Está presionando mucho a las bodegas y, a su vez, a los productores», dijo Uri Rosenzweig, jefe de producto de la empresa israelí de Trellis, una startup enfocada e agtech. Trellis utiliza inteligencia artificial para analizar datos y predecir los rendimientos de producción y la fecha de cosecha. Entre sus clientes, se encuentra Treasury

Sin embargo, para algunos viticultores, las máquinas no solo son más eficientes que los humanos, sino que también pueden tomar mejores decisiones. “Los productores mismos tienen muchos prejuicios emocionales. Es importante utilizar datos de sangre fría para conducir el análisis y brindar las herramientas que se necesitan para tomar decisiones «, dijo Rosenzweig.

El uso de la tecnología en viticultura también ayuda a reducir el desperdicio de recursos, como el agua y los fertilizantes, lo que aumenta las credenciales de sostenibilidad de un enólogo. «[Los Millennials] están en busca de un planeta más sostenible y queremos conocerlos», dijo Chris Byrne, propietario de un viñedo en la región vinícola más importante de Australia, Riverland. Lidera un grupo de productores que trabajan con la Universidad de Adelaida y la autoridad respaldada por el estado, Wine Australia, en un proyecto de para crear un viñedo totalmente automatizado utilizando inteligencia artificial.

Sin embargo, en última instancia, el objetivo más alto de cada productor es crear un producto de calidad. «El objetivo final es mejorar el nivel del vino», dijo Alves de Symington.

 

Bioeconomía



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