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Innovación en maíz y sorgo: desde alimentos de altísimo valor en Europa hasta reservorios de agua para cultivos

En el panel “Innovación y especialidades” del Congreso Maizar 2022 se plasmaron casos de desarrollo de productos, servicios y soluciones nuevas en base a maíz y sorgo

Innovación en maíz y sorgo: desde alimentos de altísimo valor en Europa hasta reservorios de agua para cultivos

El mundo de los alimentos funcionales y las proteínas alternativas fue abordado por Araceli Císcar, consejera ejecutiva de la española DACSA Group; Germán Camero, fundador de Biggys Snacks, contó la historia y los planes de la proveedora de pochoclos de los cines argentinos; Francisco Firpo, socio gerente de Rising Seeds, se centró en el potencial del sorgo como fuente de energía, mientras que Daniel Germinara, gerente de Biosoluciones de UPL Argentina, se enfocó en un gel basado en almidón de maíz que absorbe hasta 400 veces su peso en agua y permitirá a los cultivos resistir los momentos de stress hídrico. Fue moderado por Peter Hyland, gerente general de Rusticana.

La española DACSA es la principal importadora europea de maíz argentino, con 260.000 toneladas al año. Fue fundada en 1968 por el padre de su actual consejera ejecutiva, Araceli Císcar; lleva más de 40 años importando maíz argentino, en especial de la variedad flint, y es líder europea en molienda seca, con clientes en sectores como cereales para el desayuno, snacks y la industria cervecera, además de haber creado marcas propias de alimentos funcionales en base a maíz, arroz y otros cultivos. Tiene plantas de molienda de maíz en España, Portugal, Reino Unido, Polonia y Ucrania, entre otras, y de extrusión en España y Polonia, y varias oficinas comerciales, como la de Rosario, en Argentina. Muele más de 800.000 toneladas de maíz y arroz al año y factura 428 millones de euros. 

La innovación, dijo Císcar, es un pilar de la compañía, que en el 2000 inició un plan estratégico tras constatar que “el hidrato de carbono ya no era bien visto en Europa”. Sin abandonarlo, DACSA vio en las proteínas “una oportunidad”, y recurrió a una plataforma de inteligencia competitiva y a sus clientes para auscultar el mercado. Una ampliación de capital le permitió invertir en plantas de extrusión, con innovación en productos y tecnología. La empresa sigue de cerca las tendencias del mercado y la sociedad para desarrollar nuevos productos. Un 25% de sus lanzamientos tienen que ver con el “sentirse bien”, bajo una “ética de la proteína alternativa” y pivoteando sobre conceptos como “etiquetas claras, transparencia, alimentación personalizada y alimentos funcionales”. La empresa tiene plantas completamente separadas para productos con y sin gluten, y una división para panes rallados, copos de color y proteínas vegetales. “La innovación siempre hay que venderla y siempre acaba siendo copiada, por eso no se puede perder el foco de la competitividad”, explicó Císcar.

DACSA fue incorporado materias primas, “buscando valor en el producto a partir de nuestros ingredientes”. Se sumó a Innova Market Insights, una plataforma que cubre más de 90 países: “Nos cuenta qué pasa en el mundo: qué productos se usan, qué ingredientes, etcétera”, contó Císcar, cuya empresa tiene entre 10 y 25% de participación en siete startups vinculadas a la alimentación.

Actualmente, DACSA trabaja en una proteína texturizada para crear un producto que semeje tejido muscular; tiene una empresa de pollo y una división vegana, y desarrolló Aquafaba, un sustituto funcional de la clara de huevo, para hacer merengues, mousses y bizcochos. “No olvidamos que somos arroceros y maiceros, pero el futuro hay que crearlo”, resumió la empresaria. “Tenemos que innovar, estamos en un entorno tremendamente cambiante y que brinda muchas oportunidades. Hay que estar atento, invertir, tener ganas, poner mucho foco. Si estás quieto, nadie te espera”.

La argentina Biggys Snacks utiliza maíz pisingallo para elaborar 90 toneladas mensuales de pochoclo listo para consumir. Germán Camero, socio fundador, recuerda que en 2001, en el auto de un tío, repartía con su hermano pochoclo que producían casi artesanalmente a videoclubes, buscando “el formato del cine en casa”, y penetraron 95% de ese mercado. Hoy abastecen a las cadenas de cines.

En 2005, con 6.000 dólares que les prestaron sus abuelos, los hermanos fundaron la empresa y montaron una planta de prueba; más tarde se mudaron a una de 140 m2 en Villa Crespo, que luego ampliaron a los actuales 500 m2. Hacer pochoclo envasado no resultó sencillo, no había caso que copiar. En 2011, cuando supieron que Pepsico traería pochoclo a la Argentina, se profesionalizaron: hoy tienen gerente comercial y de producción y calidad. “Hicimos un producto homogéneo, crocante y rico, que pasó las auditorías de Cinemark, Hoyts y Starbucks, y proyectamos hacer pochoclo a façón para empresas de primer nivel”.

En la larga cuarentena por la pandemia, Biggys aprovechó para desarrollar y registrar nuevos sabores. La idea es “encontrar huecos por donde entrar y aprovechar las oportunidades del mercado”, explicó el emprendedor. Así, la postpandemia los encontró bien parados. Biggys ya se vende en varias cadenas de supermercados y proyecta regionalizarse, comenzando con envíos a Uruguay. “De Tierra del Fuego a México, creo que somos los que más pochoclo envasado podemos hacer”, indicó.

Rising Seeds nació del interés en trabajar variedades de sorgo a partir de material genético aportado por investigadores japoneses. “Tratemos de hacer algo con esto”, se dijeron Delfín Morgan y Francisco Firpo; así crearon una Sociedad Anónima Simplificada, se inscribieron en el INASE, hicieron un acuerdo con la Universidad Nacional de Córdoba, trajeron 80 variedades, las probaron y seleccionaron siete. Luego, propusieron a productores de distintas zonas hacer de banco de pruebas, y ya acumulan tres campañas comerciales con buenos resultados. “Sabemos cuáles fueron los híbridos que mejor se adaptaron a cada zona”, dijo Firpo, que comentó casos en Tucumán, el Valle del Río Negro y Bolívar.

El sorgo para picado tiene gran potencial: “Hoy se están picando 2 millones de hectáreas, el 15% con sorgo”, dijo Firpo. Si bien el progreso se ve en los ensayos, avanzar a campo se complica: “Falta estructura, no hay sembradoras, no hay fertilizadoras, no llega el fertilizante a tiempo, el picador se va. Es algo para conquistar en lugares como Corrientes y el oeste de La Pampa, donde el maíz no es tan plástico”.

“Vemos el sorgo como energía; mejora la relación de energía metabolizable, a un costo menor que el maíz”, explicó el empresario. Además de los desarrollos ganaderos, hicieron pruebas con pellets de lignina para generar calor, lo que permitiría reemplazar, por ejemplo, la alimentación de aserrín de las salamandras por una de menores costos económicos, de tiempo y ambientales. Además, indicó, el sorgo es un producto no OGM, de modo que los consumidores lo exigirán cada vez más en alimentación.

UPL es una empresa originaria de la India con 65 años de presencia en fitosanitarios y una proyección de crecimiento apuntalado por biotecnología. “Hace poco se creó la división NPP (Natural Plant Protection), para acelerar el desarrollo de productos biológicos para el agro”, dijo Daniel Germinara, gerente de Biosoluciones de la filial argentina. En el país, además, hay una división que integra una red de innovación sobre temas de digitalización, secuestro de carbono y buenas prácticas, de manera abierta y colaborativa, con productores, técnicos, asociaciones y distribuidores.

La empresa lanzará en agosto Zeba, un polímero de almidón de maíz, microgranulado, que, aplicado cerca de las raíces, aumenta la capacidad de retención de agua en el suelo, al absorber hasta 400 veces su peso en agua, y además toma nutrientes, un aporte clave para el “aguante” de los cultivos en los momentos de stress hídrico. En suma, dijo Germinara, es biodegradable, mejora la eficiencia de uso de agua y nutrientes, disminuye la huella hídrica y mejora la sustentabilidad de los sistemas. 

Según Germinara, el nuevo producto permitirá resistir los eneros secos entre las lluvias de diciembre y febrero. Ya fue testeado en maíz y sorgo, pero se lanzará primero para el cultivo de papa, tomate y maní, luego para ajo y productos frutales y forestales, y recién en una tercera etapa, en cultivos extensivos. Además de la reserva extra de agua, dijo Germinara, el producto permite mejorar la estructura del suelo. Incluso, contó, se están haciendo pruebas con un producto similar para mejorar el control de incendios.

 

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