n la jornada de ayer, la tonelada de soja cotizó al precio más bajo en seis meses en la Bolsa de Chicago. Esta caída se explica por la desaceleración de la economía a nivel mundial y, especialmente, por la menor demanda de soja por parte de China.
La posición mayo de la oleaginosa, que es la que más le interesa al productor argentino debido a que es cuando se percibe un mayor ingreso de la cosecha local, cayó alrededor de seis dólares, cotizándose a US$315 la tonelada.
Asimismo, el temor infundado en los mercados financieros a causa de la pandemia de coronavirus también influyó en la baja de las cotizaciones de la soja, el maíz y el trigo en la Bolsa de Chicago.
En ese contexto de incertidumbre, donde los mercados no creen que exista una respuesta económica eficaz ante una pandemia que obliga a cerrar fronteras, escuelas y plantas industriales en todas partes del mundo, el maíz para mayo tuvo una merma del 2,54%; el trigo, del 1,41%; y la soja, del 1,80%.
Si bien todas las miradas apuntan a China debido a que es el principal comprador de la oleaginosa, ya que debe alimentar su producción porcina y aviar, lo cierto es que la caída del petróleo también incide en la retracción de la soja. Gran parte del aceite de soja que se produce se usa para la elaboración de biodiesel; por lo tanto, si cae el petróleo, disminuye el precio de la nafta y, con ella, caen los precios de todos los combustibles. Lo propio ocurre con el maíz, ya que una buena parte de la producción se destina a la generación de etanol.
En este escenario, la caída del precio de la oleaginosa genera un agujero fiscal en las cuentas públicas de nuestro país, ya que ingresarán menos dólares de los que se proyectaban por la baja de los precios de los commodities que la Argentina exporta al mundo.