undada en 1932 por Salvador Bonilla en Ferrol, la firma española Bonilla a la Vista produce churros y papas fritas desde hace casi noventa años. Sin embargo, un reciente acontecimiento puso a la marca en boca de todos: en Parasite, la película surcoreana ganadora del Oscar a mejor película, las latas de papas fritas aparecen en dos escenas. Desde entonces, las ventas se han disparado a tal punto que la empresa tuvo que contratar personal para aumentar el volumen de producción.
Sin embargo, las papas fritas Bonilla a la Vista eran furor en Corea del Sur mucho antes de que se estrenara el film de Bong Joon-ho. Aunque desembarcaron en aquel país hace apenas cuatro años, la locura por ellas fue total desde el minuto uno; incluso, cuando llegó el primer barco con la mercadería en 2016, no había envases suficientes para satisfacer las expectativas que habían creado los distribuidores coreanos que las descubrieron en un viaje a España, por lo que tuvieron que fijar la normativa de que los clientes no podían llevarse más de dos latas.
Actualmente, la firma es manejada por César Bonilla, hijo del fundador de la firma, de 87 años. En 1949, los Bonilla mudaron sus tropas hasta A Coruña, lugar donde hoy sigue funcionando la fábrica que produce 540 toneladas anuales de papas fritas y exporta sesenta a 20 países; de ese volumen, cuarenta son exportadas a Corea del Sur.

Luego del éxito de la película, donde las papas fritas son el aperitivo predilecto de una familia adinerada, las ventas a través de Internet aumentaron un 150%. A los clientes habituales se le han sumado otros: se trata de clientes nuevos que descubrieron este snack mucho después que los surcoreanos, donde la lata de medio kilo, que en España se consigue a trece euros, se comercializa a 25.
¿Cómo se hacen las famosas papas fritas? Son pasadas por agua con sal y freídas a 170°C en aceite de oliva virgen Abril –otra marca española radicada en Ourense– dentro de un sistema de cubas a baño maría, para que el calor directo no arruine el producto. Luego, un escáner denominado “ojo mágico” separa aquellas que no salen doradas, las que están rotas o dobladas, o son muy pequeñas.
Para César Bonilla, “el secreto está en seguir como siempre y no cambiar de materia prima”. Él lo tiene más que claro: “Abaratar, en este negocio, es una tentación constante porque es fácil, pero no se puede”.