La producción y exportación de cerezas presenta elevados riesgos, ya que es una de las frutas más sensible a factores climáticos adversos. Se requiere por ejemplo: adecuada acumulación de horas fríos, clima favorable en floración, ausencia de heladas primaverales y granizo, poco viento, ausencia de lluvias antes de la cosecha, suficiente agua y temperaturas post cosecha. Las mermas son cuantiosas si falla alguno de estos factores. Así, por ejemplo, lluvias intensas en los días previos a la cosecha puede arruinar hasta el 40-50% de la cosecha. Esta situación se refleja en las importantes fluctuaciones anuales de su producción y exportación. Argentina se ubica desde el punto de vista de la latitud a la altura equivalente del centro de Europa, pero con mucho más frío que en Europa, por la influencia de las corrientes marinas y por los frentes muy fríos provenientes desde la región Antártica. Además se suman vientos muy fuertes y clima desértico. Es importante tener en cuenta que es fruto no climatérico, es decir que si se recolecta con antelación al punto óptimo, su proceso de maduración no continúa fuera del árbol. La maduración de la fruta en Argentina inicia en Mendoza, sigue en Río Negro para terminar en Chubut y Santa Cruz, razón por la cual se extiende la temporada de consumo interno y de exportación (desde mediados de Octubre hasta Enero).
Cerezas en fresco: la fruta se puede vender directamente al mercado o destinarse a galpones de empaque para su posterior comercialización, luego de ser sometida a procesos de lavado, selección y empaque, entre otros.
Procesamiento industrial: de este destino surgen diferentes productos como cerezas al marrasquino, cóctel de frutas, jaleas y mermeladas. Generalmente los frutos industrializados son aquellos de variedades específicas, o bien los que no reúnan los parámetros de calidad deseables para el consumo en fresco (calibre, color y textura).
También se suelen industrializar los excedentes de los empaques, que surgen como descarte.
Sulfitado: Algunos productores conservan la cereza en la misma finca, a través del sulfitado propio. Mediante la utilización de tambores con anhídrido, se puede mantener las cerezas para poder disponer de ella cuando se crea oportuno para su uso industrial. Se trata de un método de prolongación de la vida útil.
Previamente al empaque, las cerezas cosechadas se transportan en canastos de plásticos de 16 – 18 kg y se realiza un muestreo para decidir su destino (mercado interno o exportación). Sucesivamente se procede a su rápido enfriamiento por inmersión (hidrocooling), para conservarse en cámara de frío a 5º C y atmósfera con el 85 – 90% de humedad. Otro método alternativo es la conservación con atmósferas controladas y recubrimientos comestibles. El empaque propiamente dicho empieza con el volcado y lavado en una pileta con agua; la fruta es transportada con una cinta a la maquina desramilladora para el corte de los pedúnculos. En esta etapa se separan los frutos por tamaño y se procede a la selección (calibrado). Se colocan los frutos en bolsos plásticos de 2,5 kg y en cajas de 5 kg que se colocan en pallets que se mantienen refrigerados hasta su envío.
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