asi el 60% de la contaminación por dióxido de carbono proviene del gas natural utilizado para calentar los edificios en todas partes del mundo, un dato que no deja de preocupar a los especialistas. Canadá no es la excepción: desde hace años que necesita una regulación audaz para frenar esas emisiones y hacer frente al cambio climático. Sin embargo, para reducir las emisiones de carbono rápidamente hay que cambiar fundamentalmente la práctica de la construcción en menos de 10 años.
Con ese objetivo en mente, el Fondo de Innovación de Carbon Neutral Cities Alliance, junto con la industria de la construcción y el Ayuntamiento de Vancouver, dio forma a un plan de Edificio de Emisiones Cero (ZEB), que se aprobó en 2016. Desde ese momento, los distintos actores del sector se comprometieron a hacer viviendas y edificios con emisiones cercanas a cero para que ésta sea la norma reinante en esa ciudad canadiense de cara al 2030.
El primer paso del plan ZEB establecía requisitos para reducir las emisiones de carbono de los nuevos edificios en un 60%. Era necesario realizar cambios significativos en cómo se deben diseñar, construir y operar los nuevos edificios. No obstante, la introducción de esta norma completamente nueva, así como el establecimiento de límites ambiciosos sobre las emisiones, la pérdida de calor y la intensidad del uso de energía, no fue una tarea fácil.
Los primeros socios para dar forma a este cambio fueron los líderes de la industria en Vancouver, que ya estaban diseñando y construyendo edificios súper eficientes energéticamente. Se aprovechó su experiencia para aprender qué era lo más efectivo, se confió en los innovadores locales, y se trabajó estrechamente con profesionales de la construcción, desarrolladores y empresas de servicios públicos. Además, se sumó la Provincia de Columbia Británica y otros municipios de la región; incluso, se realizó un viaje de investigación a Europa para seguir sumando experiencias y conocimientos.
La segunda etapa implicó el compromiso por parte de las autoridades de Vancouver de liderar con el ejemplo, construyendo todas las nuevas instalaciones de la ciudad según el estándar de la Casa Pasiva (el estándar más agresivo del mundo para edificios súper eficientes) o un equivalente, y utilizar fuentes de combustible de emisiones cero cuando fuese posible.
Los diseñadores y constructores locales de casas pasivas aportaron su experiencia y ayudaron a identificar obstáculos regulatorios que estaban disminuyendo la cantidad de construcciones de ese tipo en la ciudad. Esto agilizó el proceso administrativo y liberaron una serie de barreras regulatorias, como la zonificación y la relajación del espacio del piso para acomodar paredes y techos más gruesos. En solo cuatro años, se pasó de una casa certificada de “Passive House”, en 2015, a 2.800 unidades construidas o permitidas en 2019.
Hoy, Vancouver está en camino de ser la ciudad con las facturas de calefacción más bajas, con la mejor calidad de aire para los habitantes y con los edificios más fáciles de mantener. A pesar de este éxito, los referentes del sector saben que aún queda mucho por hacer. Por ejemplo, están analizando las emisiones asociadas con los materiales de construcción, como el hormigón, el acero y el aislamiento de espuma en aerosol. El nuevo objetivo es reducir el carbono incorporado en los proyectos de construcción en un 40% para 2030.