Adhesión a UPOV 91: Claudio Dunan destaca que el pago de hasta US$ 10 por hectárea se verá más que compensado y explica por qué será clave para las economías regionales

"Si no nos sumamos a UPOV 91, y seguimos discutiendo una ley de semillas que fracasó, vamos a seguir con esta situación actual y cada vez peor", resalta el titular del INASE

Adhesión a UPOV 91: Claudio Dunan destaca que el pago de hasta US$ 10 por hectárea se verá más que compensado y explica por qué será clave para las economías regionales
miércoles 07 de febrero de 2024

Argentina está adherida a UPOV 1978, pero busca sumarse al convenio de 1991 para generar mejores condiciones para los obtentores de tecnología. Junto a María Laura Villamayor, abogada del INASE y encargada del consejo jurídico de UPOV, Dunan detalló a Agrofy News las particularidades de la iniciativa que se sumó a la ley ómnibus. Una situación quie generó rechazo de una parte de los productores agropecuarios, aunque a la vez también vino con el apoyo del sector semillero.

El titular del INASE señaló: "Hace cuatro mundiales que venimos discutiendo modificaciones a la ley de semillas y hemos fracasado". Por eso destaca que, con la iniciativa, "el único grupo que no se va a beneficiar con la adhesión a UPOV 91 es aquel que está dentro del 65% del mercado ilegal". "O el 65% que está afuera del mercado no es que tiene una variedad vieja, sino que tiene una variedad actual pero no paga la propiedad intelectual", agregó y destacó que habrá mayores inversiones si se repeta la propiedad intelectual.

Al mismo tiempo, resalta que el pago estará más que compensado por la mejora en los rindes. Además, aclara la adhesión de UPOV 91 va más allá de los cultivos extensivos, sino que será clave para tener mejor tecnología en economías regionales como maní, legumbres y hasta ornamentales y frutales.

Cabe señalar que sumarse a UPOV 91 sería solo el primer paso, ya que luego el gobierno nacional debería reglamentar a través de decretos los mecanismos para controlar el uso de semillas.

Dunan estima que si se paga, como mucho, hasta US$ 10 por hectárea de soja en regalías, la inversión se vería más que compensada por los beneficios de las nuevas tecnologías que podrían llegar a la Argentina. "Cambiar la variedad pagando la regalía tiene un pago, con los precios actuales, con las retenciones actuales, de hasta tres o cuatro veces la inversión en germoplasma".

 

Claudio Dunan: "UPOV 91 es el balance entre propiedad intelectual y uso propio, por eso lo trajimos"

¿Por qué Argentina busca sumarse a UPOV 91?

Claudio Dunan: Consideramos que el germoplasma, la semilla, es clave para lograr la duplicación de las exportaciones. Es uno de los objetivos que tiene la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, que pasará a ser de Bioeconomía.

Es absolutamente necesaria porque se necesita mejorar la productividad por hectárea, porque sino el crecimiento de la producción tiene que venir del crecimiento del área. Y eso es un problema. Es necesaria porque hay muchos cultivos en los cuales hoy no estamos participando en el mercado mundial, como por ejemplo el mercado de legumbres, que tiene un crecimiento muy alto a nivel global por la demanda que hay, y que, por la falta de genética, Argentina hoy no participa. Es necesaria porque si no tenés la genética de punta es muy difícil mejorar las eficiencias en el uso de agua y nutrientes. Esa ecuación de producir más con menos recursos se ve muy limitada. Es necesaria para las economías regionales, porotos, arvejas, lentejas, maní, hortalizas, frutales. El no tener base genética no permite que esas producciones tomen el vuelo que tienen que tener en la Argentina. Te deja al margen de situaciones de mejoras nutricionales en cultivos. Hay trigos que tienen alto contenido de fibra y son importantísimos para gente con problemas de diabetes. O la llegada de proteínas vegetales a través de legumbres. Todo esto hace que para el equipo de Fernando Vilella sea absolutamente necesario la genética. No es lo único, pero sin la genética adecuada, todo lo demás está muy condicionado. 

Lo que trae es una solución al problema que hay en un balance entre el derecho de uso propio que tiene el productor, y la compensación a la creación de propiedad intelectual y desarrollo de tecnología. En el balance de esas dos fuerzas que siempre han estado en tensión es que se planteó la adhesión a UPOV 91 como una cuestión estratégica.

 

UPOV 91 difiere de UPOV 78 en aspectos bastante claves y que son muy importantes para entender por qué estamos necesitando este salto.

María Laura Villamayor: Hay un tema clave que hoy está en auge que es el uso propio. En el convenio de UPOV 78 no está contemplado. Este es un concepto que se sumó al acta de 1991, que es el que estamos tratando de adherir. UPOV 91 lo que quiere es traer certezas y aclaraciones jurídicas en cuanto a cuestiones que no quedaban claras en el acta del 78. Y si no están claras no se sabe si está o no el derecho, o si se está infringiendo algún tipo de obligación. Son convenios de propiedad intelectual, es muy difícil de interpretar que haya algún artículo que si no lo dice explícitamente vaya en contra o no del derecho del obtentor. Entonces interpretar que yo puedo crear un sistema de uso propio si el mismo tratado no me lo dice podría ser interpretar algo que está más allá del espíritu del convenio. UPOV 91 viene a traer certezas jurídicas a todas las partes que están en la cadena, no solo al obtentor, que va a tener su propiedad intelectual más favorecida.

Tenemos una ley que establece el uso propio irrestricto, es decir sin ningún tipo de límite. INASE sacó alguna resolución para en cierta forma establecer los requisitos. El artículo 17 no me limita el uso propio. Ahí tenemos la contradicción entre convenio y ley, convenio está sobre la ley. Entonces me puedo plantear y tengo la posibilidad de hacer uso propio, pero UPOV 78 no me lo dice. Si hay un convenio que está en una categoría superior podría entender que hoy el uso propio no está contemplado por la legislación.


 

Si Argentina adhiere, ¿cuándo debería salir la reglamentación?

María Laura Villamayor: La idea de la Secretaria de Bioeconomía es sentar a todos los sectores. Lo único que se va a hacer es adherir al acta de UPOV 91 y después se establecerá por la reglamentación quiénes están exceptuados del pago, quiénes están comprendidos, etc. Eso va a ser por una reglamentación del poder ejecutivo. El mismo Estado es el que reglamenta el uso. 

Una vez que el país adhiere a UPOV 91 el decreto reglamentario puede salir años después. Pero si la idea es implementarlo para lograr los cambios que plantea el Gobierno, la idea es que esto no tarde mucho más de un par de meses. Sería una cuestión práctica y lógica. 

El decreto reglamentario 2183/91 que es de la Ley de Semillas es del 91 y la Ley es de 1973. Puede haber algún plazo de prórroga en cuanto a reglamentación, pero no tenés el efecto que estás buscando que es que lleguen inversiones y que haya claridad jurídica. Que todos los sectores sepan cuáles son las reglas de juego y demás.

 

¿Quién va a controlar? ¿El INASE o los privados?

Claudio Dunan: El INASE es el organismo de fiscalización y control de variedades y creaciones fitogenéticas. De esa forma va a ser el organismo de fiscalización y control, de la ejecución de UPOV 91. Para ponerlo en claro, lo que hace el Estado es establecer reglas claras para que vengan las empresas a competir. Después las empresas, ajustando sus modelos de negocios a el sistema regulatorio del Estado (implementado a través del INASE) va a poder ser más o menos competitivo. Hoy el tema es que no hay empresas que se vengan a establecer, o las empresas que están establecidas en Argentina no traen las tecnologías porque no tienen forma de proteger a su propiedad intelectual. Lo que terminamos teniendo es la situación actual, que son años de atrasos en los cultivos mayores y a décadas de atraso en otros cultivos. Y de continuar como estamos va a continuar así la industria. La agricultura argentina va a seguir sufriendo la falta de reconocimiento a la propiedad intelectual.

Un productor hoy siembra una tecnología de una determinada empresa con un contrato y acepta las condiciones de ese contrato, y ese contrato indica que la empresa va a poder ejercer un determinado control en momentos, desde la compra de semillas hasta la comercialización. Y eso está todo enmarcado en un contrato. Nadie le va a negar al productor seguir haciendo lo que quiere hacer, lo que sí le vamos a ofrecer es la oportunidad de tener más tecnologías y muchos más cultivos para poder elegir. Hoy el productor depende de unas pocas empresas y unas muy pocas tecnologías.

María Laura Villamayor: Hoy el control que hace el Estado es por otros objetivos, que es la Ley de Semillas, y son sobre identidad y calidad. El INASE no va a salir a hacer el ejercicio de la propiedad intelectual al particular. El ejercicio de la propiedad intelectual es de cada empresa, ellos tienen que salir a cobrar su sistema de recupero de propiedad intelectual. El INASE lo que va a hacer es salir a controlar que lo que circula en el mercado esté identificado, tenga la correspondiente autorización del obtentor. Pero eso en cuanto a las funciones del INASE. Nosotros no le vamos a cumplir las funciones a los obtentores ni los obtentores pueden salir a hacer controles con UPOV 91. Es uno de los miedos que surge de este debate.

 

¿Por qué UPOV 91 y no discutir una nueva ley de semillas?

Claudio Dunan: Hay varias razones. Hace muchos años que estoy en eso y podríamos decir que hace cuatro mundiales que venimos discutiendo modificaciones a la ley de semillas y hemos fracasado. Se fracasó porque lo que se quiere meter en la ley de semillas son temas que son parte de la reglamentación e inclusive de los modelos de negocios. Acá lo que UPOV 91 hace es establecer que el uso propio es legal, oneroso y lo que resta definir es quiénes están exceptuados de ese pago por el uso propio. Eso modifica solo una pequeña parte de la ley de semillas actual. La ley de semillas actual no se debe modificar en toda su extensión, además muestra claramente al resto del mundo que Argentina toma el tema del uso propio y el tema de la protección de la propiedad intelectual de forma seria. Le mandamos un mensaje al mundo de que vengan a invertir a la Argentina porque ahora se protege a la propiedad intelectual. Pero además reconocemos el uso propio del productor. Por eso es una solución mejoradora de cualquiera de todos los proyectos que circularon hasta este momento. Por su sencillez y robustez.

 

María Laura Villamayor: Se modifica solo el capítulo 5 de la ley de semillas. No se toca el resto de la ley de semillas, que es el control del comercio, el rotulado y las otras funciones del INASE. Lo único que se toca es la parte de la propiedad intelectual de germoplasma, no de eventos biotecnológicos patentables. El derecho de obtentor. Pero, ¿por qué no modificar la ley de semillas entonces y quedarnos con UPOV 78? Porque vamos a seguir en la misma situación a la que la actual. Hay un tratado internacional que es UPOV 78 que está sobre la ley, y que vamos a tener la contradicción de que no hay uso propio. UPOV 91 si dice que hay uso propio. No sirve cambiar solo lo que dice la ley porque está por debajo de lo que dice el convenio. 

UPOV está formado por países. Hay 78 miembros de los cuales 62 estados entre países están en UPOV 91 y el resto en 78. Por eso es importante dar la señal de que realmente queremos proteger el derecho del obtentor con un sistema eficiente que cumpla con la propiedad intelectual.  Las legislaciones son distintas en todos los países. Brasil está en UPOV 78 pero tiene un sistema muy fuerte de lo que es uso propio, en donde todos pagan. 

 

Estar en UPOV 91 es estar en un grupo que reconoce realmente la propiedad intelectual, entonces a los países que estamos en UPOV 78 nos miran con cierta duda de cómo hacemos para aplicar los sistemas. Ven que Argentina avanza en cuanto a los controles que hace el INASE, pero eso no es sobre la propiedad intelectual en si, porque la propiedad intelectual es la que ejerce el obtentor. No tiene el obtentor tantas herramientas como debería tener. Eso es lo que desincentiva un poco a que el resto de los países o productores de variedades como puede ser ornamentales, frutales. Existe esa visión de desconfianza sobre cómo protegemos los derechos del obtentor para venir a invertir y proyectar negocios.

 

¿Cómo sería el control sobre los eventos biotecnológicos?

Claudio Dunan: La biotecnología es patentable porque ahí patentan un grupo de genes y eso se puede hacer. Lo que no se puede hacer es patentar plantas. Por eso es que tenes que tener un sistema de protección de las variedades. Y eso es lo que se hace con UPOV. Desde el INASE hacemos la fiscalización de la semilla, no tenemos injerencia sobre lo que es el cobro de patentes. Ese es un tema del modelo de negocio de cada empresa que desarrolla la tecnología. Obviamente que la biotecnología está adosada a un germoplasma, pero eso se rige por ley de patentes y es lo que permite a algunas empresas tener un modelo de negocio de crop de cierta robustez porque pueden cobrar el uso de la tecnología a través de patentes. Lo que UPOV 91 va a permitir es que las empresas que accedan y que les interese desarrollar germoplasma, van a poder hacer convenios con las empresas de biotecnología. Son temas en los cuales el Estado no se involucra. El modelo de negocio de cada empresa es independiente de la reglamentación que nosotros hagamos. La reglamentación es lo que da el marco jurídico de lo que se puede hacer y lo que no. Después qué hace una empresa y qué hace otra depende del modelo de negocio. 

 

¿Cómo es el control actual sobre el uso de semillas y a qué se apunta con UPOV 91?

Claudio Dunan: Hoy hay un mecanismo que se llama SISA que hace que el productor declare las variedades que está utilizando, y se puede hacer un seguimiento desde el punto de vista de control de si esas variedades y la declaración es real o es mentirosa. Ese tipo de control va a continuar, el INASE va a mejorar el control sobre lo que se declara. Lo que estamos haciendo para mejorar eso es sumar mejores tecnologías para la detección de variedades. Que es algo que viene de varios años de desarrollo pero que ahora se aceleró un poco con los marcadores moleculares y ópticos. Va a ser mucho más ágil y de menor costo (con marcadores ópticos) para ver si un productor declara una determinada variedad y si está utilizando una diferente. Lo mismo pasa con marcadores moleculares, que son un poco más costosos. También está la cantidad de muestras a tomar. Cuando el uso propio esté regulado, que es legal pero oneroso, es mucho más claro para el productor que es conveniente declarar la variedad adecuada y no tomar el riesgo de cometer errores. Hoy el mercado ilegal es del 65% por poner un número, tanto en trigo como en soja. En la medida que el INASE mejora el sistema de control, va a permitir reducir esa ilegalidad. El productor se va acostumbrar y de esta manera, con la protección de la propiedad intelectual, las empresas van a poder invertir y traer cultivos y tecnologías que hoy no están disponibles. La mejora me la imagino muy rápida desde el momento en el que quede establecido el lineamiento de control. Además va en paralelo de un robustecimiento que estamos llevando a cabo en el INASE. En los próximos meses se va a percibir en el mercado.

 

¿Qué encontraste cuando llegaste al INASE?

Claudio Dunan: Lo primero que quiero destacar es la calidad y capacidad de la gente que trabaja. Gente muy comprometida con muchas ganas de hacer las cosas bien. Con muchos conocimientos. Verdaderamente son expertos en las áreas que manejan.

Hay que financiarlo al INASE, viene muy desfinanciado por atrasos en las tarifas de los servicios que presta. Es un organismo descentralizado de la Secretaría de Agricultura, y es autárquico, genera sus propios ingresos. Estamos trabajando en eso. Estamos trabajando en la mejora de la territorialidad para que haya más cantidad de gente mejor provista, tanto de vehículos como de las tecnologías que necesitan para que todo funcione mejor. Vamos a tener la oportunidad de hacer mejor la fiscalización de aquellos que producen semillas y las venden. Estamos trabajando en procesos internos para que sea todo más eficiente y eficaz, y circule más rápido la información, y que esté disponible para aquellos que la necesitan dentro del sector público y privado. Estamos en un proceso más que interesante, muy desafiante pero lo que digo es que el equipo del INASE está a la altura para transformar al organismo en un engranaje fundamental de la industria semillera argentina.

 

¿Cómo fue que decidiste involucrarte en la función pública?

Claudio Dunan: Tengo una relación de muchos años con Fernando Vilella, compartimos la cátedra de bioeconomía. Somos fanáticos los dos. El equipo que estaba formando era todo un desafío y una esperanza para realmente producir los cambios necesarios en la bioeconomía argentina. Me pareció que era el momento adecuado para todos estos años de formación y experiencia ponerlos a trabajar en esta dirección. Realmente estoy muy complacido por lo que está pasando. Del mismo modo que hay un buen equipo en el INASE, se armó un buen equipo en la Secretaría de Bioeconomía, aunque todavía no tenemos la denominación.

Hay que hacer cambios, hay mucho por hacer en la agricultura argentina, en la producción agropecuaria. La ampliación que le da Fernando y su equipo a Bioeconomía hace que sea mucho más interesante. Ya no es solamente agronegocios sino negocios en los cuales la sociedad nos va a percibir con la importancia que el sector tiene. Sobre todo por la convergencia con energía, combustibles, biomateriales, todo eso hace que sea una propuesta interesante. Es el momento de tratar de hacer los cambios, creo que todos estamos de acuerdo de que en la Argentina se necesitan cambios importantes para poder volver a crecer y desarrollar el país.

 

¿Cuánto pagaría un productor por el uso propio?

Claudio Dunan: El único grupo que no se va a beneficiar con la adhesión a UPOV 91 es aquel que está dentro del 65% del mercado ilegal. Todos los demás, productores que están en la legalidad y necesitan mejores tecnologías y más productos. La sociedad va a tener más saldos exportables, más variedad de producción con legumbres, frutas, hortalizas, las economías regionales, etc. Podemos seguir agregando a la lista y no podemos discutir sobre los beneficios. Pero hay un porcentaje que si, que está en la ilegalidad y que obviamente esto no le parece bien. Entonces, si podemos identificar que esa es la situación, entonces nos movemos adelante con la adhesión a UPOV 91 que nos pone en otra categoría. Si no lo hacemos, y seguimos discutiendo una ley de semillas que fracasó, vamos a seguir con esta situación actual y cada vez peor.

Pongamos un valor alto de referencia. Un productor de soja hoy llega a pagar de regalías de germoplasma de US$ 8 a US$ 10 por hectárea. Ahora, un productor que siembra una variedad de soja que tiene más de 10 años, asumiendo una ganancia genética que es del 1% por año, está sembrando una soja que tiene un potencial de rinde 10% menor. Cambiar la variedad pagando la regalía tiene un pago, con los precios actuales, con las retenciones actuales, de hasta tres o cuatro veces la inversión en germoplasma. El productor aumentaría la rentabilidad en forma importantísima, solamente por usar una variedad de mejor germoplasma. Lamentablemente es un cálculo que no todo el mundo hace. O el 65% que está afuera del mercado no es que tiene una variedad vieja, sino que tiene una variedad actual pero no paga la propiedad intelectual. Si nos enfocamos solamente en la ganancia genética que puede tener una variedad que está más adaptada, que sea más eficiente en el uso del agua, en el uso de nitrógeno, o tolerante a enfermedades, otra arquitectura de planta, todo eso te da una ganancia genética que en promedio puede ser el 1% por campaña. Las variedades que están en Argentina, contra las que se usan en otras partes del mundo, perdieron competitividad. Y hay mucho por fuera de los cultivos mayores. El mercado de legumbres, que nos estamos perdiendo de participar, estamos hablando de miles de millones de dólares. Hoy sembramos variedades de arvejas, que en realidad le tendríamos que decir poblaciones de arvejas, porque han perdido la capacidad de ser definidas como variedades. Las que están en el mercado de arvejas tienen muy pequeña participación en el mercado por esto que hablamos. Ni hablar de las lentejas, garbanzos, todas son oportunidades perdidas en un país que necesita alimentos y exportación de calidad. Todo eso porque hay un grupo de productores que siente que no está bien pagar el uso de la propiedad intelectual. UPOV 91 es el balance entre propiedad intelectual y uso propio, por eso lo trajimos.


 

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