Por Agroempresario.com
EXTERIOR - La producción de carne cultivada ha avanzado notablemente en diversos aspectos, desde la optimización de formulaciones de medios hasta el desarrollo de líneas celulares. Sin embargo, según Mission Barns, empresa con sede en San Francisco, estos avances solo se concretarán económicamente si se desarrollan nuevos biorreactores diseñados específicamente para alimentos de bajo valor y en grandes cantidades, en lugar de productos farmacéuticos de alto valor y en pequeñas cantidades.
Fundada en 2018 por el Dr. Eitan Fischer, ex científico de Eat Just, Mission Barns se dedica a cultivar grasa de cerdo en biorreactores patentados, los cuales, según la empresa, tienen el potencial de mejorar drásticamente la eficiencia en la producción de carne cultivada. La grasa cultivada se combina luego con proteínas de origen vegetal para crear alternativas a la carne, como salchichas y tocino. La compañía espera obtener la aprobación regulatoria para lanzar sus productos terminados en un puñado de puntos de venta en 2025, con el objetivo de validar su producto y proceso. A largo plazo, Mission Barns apunta a ser un proveedor B2B de grasa para la industria de carne cultivada y de origen vegetal.

Lo que diferencia a Mission Barns de otras startups en este campo es su enfoque en adaptar los sistemas a las células, en lugar de modificar genéticamente las células para que se adapten a los sistemas de biorreactores tradicionales, según explica Saam Shahrokhi, vicepresidente de tecnología de la empresa. "Los biorreactores existentes no son adecuados para producir músculo y grasa cultivados sin la intervención de la ingeniería genética", sostiene.
Los biorreactores tradicionales de tanque de agitación, aunque efectivos para ciertos tipos de células, presentan desafíos cuando se trata de células grasas. Estas células tienden a flotar y agruparse en la superficie del líquido del biorreactor, consumiendo rápidamente los nutrientes y oxígeno locales, lo que altera la homogeneidad del cultivo. Además, acelerar la velocidad de mezcla para solucionar este problema puede dañar las células. Por otro lado, los biorreactores de suspensión de células individuales no están bien equipados para facilitar la diferenciación celular y la formación de tejidos, procesos esenciales en la producción de carne cultivada.
Para superar estas limitaciones, Mission Barns ha desarrollado un novedoso biorreactor adherente que se adapta al modo de crecimiento natural de las células. Este biorreactor logra una alta productividad volumétrica sin comprometer la capacidad de recolección, y permite escalar la producción de carne cultivada sin la necesidad de modificar genéticamente las células.
Shahrokhi explica que este biorreactor ofrece una eficiente transferencia de masa y un denso empaquetamiento celular, lo que, combinado con la utilización de medios de cultivo libres de componentes animales y células no transgénicas, representa una innovación significativa en la industria. Además, el proceso de recolección de células es sencillo y eficiente, lo que permite reutilizar el sustrato de grado alimenticio en el que crecen las células.
Mission Barns ha optado por centrarse inicialmente en el cultivo de grasa en lugar de músculo, debido a que la producción de grasa es menos compleja desde el punto de vista mecánico y más económica en términos de costos de medios. La grasa cultivada tiene una demanda de oxígeno significativamente menor que las células musculares y requiere principalmente glucosa, lo que reduce considerablemente los costos de producción.
Hasta la fecha, Mission Barns ha realizado más de 100 pruebas exitosas en su planta piloto en San Francisco, y continúa optimizando la eficiencia de sus procesos para alcanzar la paridad de precios con la carne de cerdo convencional. Cecilia Chang, directora general adjunta, explica que la empresa adopta un modelo de negocio dual que incluye una estrategia B2C para llegar rápidamente al mercado y una estrategia B2B que busca licenciar su tecnología a grandes actores de la industria.

En cuanto a la aceptación del mercado, Chang subraya que, aunque puede ser un desafío para las marcas de carne alternativa que se etiquetan como 100% vegetales, la grasa cultivada ofrece mejoras sensoriales significativas con cantidades mínimas, lo que podría establecer una nueva categoría de productos para consumidores interesados en alternativas más sostenibles y deliciosas.
Finalmente, Chang advierte que las expectativas en torno a la carne cultivada deben ajustarse a la realidad del desarrollo de esta tecnología disruptiva. Comparando su evolución con la de industrias como la energía solar o los vehículos eléctricos, señala que la carne cultivada tomará tiempo en consolidarse, pero que su potencial transformador a largo plazo sigue siendo enorme.